Olaf Scholz tuvo éxito en su campaña para convertirse en el próximo Canciller de Alemania principalmente al convencer a los votantes de que sería muy parecido a la figura destacada que reemplazará: Angela Merkel

Breve, bien informado y absteniéndose de cualquier gesto de triunfo, Scholz no solo sonaba como la Canciller saliente, sino que perfeccionó el arte de encarnar su aura de estabilidad y calma al punto de mantener las manos juntas en su característica forma de diamante.

Es como un jugador de fútbol que estudió videos de otro futbolista y cambió su estilo. Desde su temperamento y estilo político hasta la expresión facial, Scholz ahora canaliza a Merkel"

Robin Alexander, observador político de larga data tanto de Merkel como de Scholz.


Mientras Scholz revelaba su nuevo Gobierno este miércoles y se preparaba para tomar el cargo el siguiente mes, la pregunta para Alemania y para toda Europa es: ¿Puede dar resultados y llenar los zapatos de Merkel?

Rara vez, un líder alemán ha entrado al poder con tantas crisis.

Tan pronto como sea juramentado como Canciller a inicios de diciembre, Scholz tendrá que lidiar con una creciente pandemia, tensiones en la frontera entre Polonia y Bielorrusia, un Presidente ruso movilizando tropas hacia el límite este de Ucrania, una China cada vez más confrontativa y un Estados Unidos menos confiable.

CAMALEÓN POLÍTICO

“La presión es enorme”, dijo Jana Puglierin del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. “El nuevo Gobierno está asumiendo el cargo en una situación que se ha estado calentando en múltiples frentes. Y cuando se trata de política exterior, Olaf Scholz sigue siendo un enigma”.

En ese sentido, es un tema de intensa especulación qué Scholz se presentará como Canciller en dos semanas. Socialdemócrata de toda la vida, Scholz, de 63 años, ha sido un rostro familiar en la política alemana durante más de dos décadas y se desempeñó en dos de los gobiernos de Merkel, más recientemente como su Ministro de Finanzas.

Pero también ha sido una especie de camaleón, un político pragmático que se mueve entre la izquierda y la derecha con tanta facilidad que a veces es difícil saber cuál es su posición.

Nacido en Osnabrück, al norte de Alemania, Scholz creció en Hamburgo, la ciudad de la que después sería Alcalde. Su abuelo fue un ferrocarrilero, sus padres trabajaron en la industria textil. Él y sus hermano fueron los primeros de su familia en ir a la universidad.

Aún estaba en la preparatoria cuando se unió a los socialdemócratas. Como un ardiente joven socialista, pasó una década como abogado laboral defendiendo a los trabajadores amenazados por el cierre de fábricas. Luego, como secretario general de su partido bajo la última administración de centroizquierda del Canciller Gerhard Schröder, defendió las dolorosas reformas del mercado laboral con una eficiencia mecánica que le valió el sobrenombre de “Scholzo-mat”.

Cuando fue elegido miembro del Parlamento por primera vez, se sentó con el ala izquierda de su partido. Hoy se considera que está a la derecha de gran parte de su base, no muy diferente al Presidente de Estados Unidos, Joe Biden, con quien a veces se le compara.

Pero al igual que con Biden, algunos ven en Scholz reflejos de izquierda.

Scholz perdió el liderazgo de su partido frente a un par de izquierdista hace dos años, pero sorprendió a algunos de sus críticos más duros dentro de su propio partido cuando sacó una “bazuca” de miles de millones de euros en ayuda estatal para ayudar a los trabajadores y negocios durante la pandemia.

Algunos esperan que esto, y su campaña electoral centrada en las clases trabajadoras, sea prueba de que el joven idealista que se convirtió en un centrista pueda volverse nuevamente radical a sus más de 60 años.

“La bazuca fue un gran momento”, dijo Kevin Kühnert, un izquierdista abierto y uno de los líderes adjuntos de los socialdemócratas. “Fue la paz tardía con su partido. Y fue el comienzo de una transformación social más profunda que estaba esperando”.

SU NUEVO GOBIERNO

Scholz, quien supuestamente perdió 12 kilogramos y dejó de beber alcohol antes de las elecciones, ha sido subestimado durante mucho tiempo. Su apuesta ha sido larga. Según un aliado cercano, desde 2011 ha ambicionado con convertirse en Canciller.

Incluso sus opositores políticos hablan admirablemente de su instinto, su estamina y su confianza. Hace tres años, cuando los índices de aprobación de su partido estaban en mínimos históricos, dijo a The New York Times que los socialdemócratas ganarían la próxima elección.

Al igual que Merkel, tiene una reputación de ser un par de manos seguras y una persona decente con aura bipartidista.

“Merkel está más allá de la política de partidos; ella es la voz de la razón”, dijo Alexander, quien escribió un libro sobre el final de la era de Merkel. “Ser el centro de la política como persona, eso es lo que hizo Merkel de manera magistral, y eso es lo que busca Scholz”.

Esa flexibilidad política puede convertirlo ahora en el líder perfecto para abordar lo que puede ser su desafío permanente como Canciller: mantener la paz en una coalición inusual y no probada de tres partidos, en la que están dos grupos ideológicamente divergentes: los Verdes progresistas, que quieren gastar 50 mil millones de euros en una transición verde, y los Demócratas Libres a favor del mercado, que controlarán el Ministerio de Finanzas.

Scholz también corre el riesgo de no satisfacer a nadie. Los observadores dicen que lo absorto que está en tener que equilibrar las demandas en conflicto al interior podría afectar su capacidad para impulsar la ambiciosa agenda de su Gobierno para preparar a Alemania para un futuro sin emisiones de carbono y una era digital.

También determinará qué papel puede desempeñar Alemania en el extranjero. Si Scholz se distrae demasiado con las tensiones internas, Europa y el mundo seguramente sentirán la pérdida del liderazgo de Merkel, pronostican los analistas.

Pero si todo sale bien, la Alemania de Scholz podría convertirse en una potencia fundamental para la cohesión europea, para una mayor unidad transatlántica en la lucha contra el cambio climático y para enfrentar a competidores estratégicos como China y Rusia.

Con algo de esperanza, también podría significar un resurgimiento de la socialdemocracia en diferentes partes del mundo.

En la campaña electoral, la política exterior apenas se discutió, pero junto con la pandemia, podría terminar dominando los primeros meses del nuevo Gobierno. Alemania asumirá la Presidencia del Grupo de los 7 en enero, y Scholz lo centrará de inmediato en una serie de cuestiones internacionales urgentes.

Según asesores, Scholz centrará su energía en fortalecer la Unión Europea. Su primera visita al extranjero será al Presidente Emmanuel Macron en Francia, quien enfrenta una difícil campaña electoral el próximo año. Uno de los objetivos de Scholz es apoyar a Macron, que asumirá la presidencia rotatoria de la Unión Europea en enero.

Pocos analistas esperan que el nuevo Canciller cambie de rumbo significativamente respecto a Merkel, quien lo llevó a su última reunión del Grupo de los 20 el mes pasado y lo presentó a varios líderes mundiales.

“No esperen muchos cambios”, dijo el fin de semana pasado Nils Schmid, portavoz de política exterior de los socialdemócratas.