Cuando el joven campesino regresó a su pueblo en Myanmar, encontró los cadáveres todavía humeantes en un círculo en una cabaña incendiada, algunos con las extremidades atadas.

El Ejército de Myanmar irrumpió en Done Taw a las 11:00 horas del 7 de diciembre, dijo a la AP, con unos 50 soldados cazando personas a pie. El campesino y otros residentes huyeron al bosque, pero 10 fueron capturados y asesinados, incluyendo cinco adolescentes, uno de tan solo 14 años, agregó. Una foto tomada por su amigo muestra los restos carbonizados de una víctima acostada boca abajo, con la cabeza erguida, lo que sugiere que fue quemado vivo.

“Estoy muy enojado, es inaceptable”, dijo el joven de 19 años, quien al igual que otros entrevistados por AP pidió permanecer en el anonimato por temor a represalias.

La masacre en Done Taw es solo una de las señales más recientes de que el Ejército de Myanmar está tomando como arma de guerra una estrategia de masacres, según una investigación de AP basada en entrevistas con 40 testigos, redes sociales, imágenes satelitales y datos sobre fallecidos.

Las masacres y las tácticas de arrasar, como la destrucción de pueblos enteros, representan la última escalada de la violencia militar contra los civiles y la creciente oposición. Desde que el Ejército se hizo con el poder en febrero, ha tomado medidas cada vez más brutales, secuestrando a hombres jóvenes y niños, matando a los trabajadores de la salud y torturando a los prisioneros.

Las masacres y los incendios de los pueblos también indican un regreso a las prácticas que los militares han utilizado durante mucho tiempo contra minorías étnicas como los musulmanes rohingya, miles de los cuales fueron asesinados en 2017. Ahora, el Ejército está acusado de matar al menos a 35 civiles en la víspera de Navidad en la aldea de Mo So, en una región oriental, hogar de la minoría karenni. Un testigo dijo a la AP que muchos de los cuerpos de hombres, mujeres y niños fueron quemados, dejándolos irreconocibles.

Esta vez, no obstante, los militares están usando los mismos métodos contra personas y pueblos de su propia mayoría étnica budista Bamar. El foco de la mayoría de los últimos asesinatos ha estado en el noroeste, incluyendo en el corazón de Bamar, donde el apoyo a la Oposición es fuerte.

Desde agosto, más de 80 personas han sido asesinadas en tres o más ataques en la región de Sagaing, según datos de la Asociación de Asistencia para Prisioneros Políticos (AAPP), un grupo que monitorea arrestos y muertes verificados en Myanmar. Estos incluyen la muerte de los residentes de Done Taw, cinco personas en el pueblo de Gaung Kwal el 12 de diciembre y nueve en el municipio de Kalay el 23 de diciembre, parte de una tendencia que ha convertido a Sagaing en la región más mortífera de Myanmar.

El Ejército también está repitiendo una táctica característica de destruir pueblos enteros donde puede haber apoyo para la oposición. Las imágenes de satélite que AP obtuvo de Maxar Technologies muestran, desde septiembre, que más de 580 edificios han sido quemados solo en la ciudad noroccidental de Thantlang.

La violencia parece ser una respuesta al surgimiento de las fuerzas de resistencia local en todo el país, pero el Ejército está acabando con la población civil en el proceso. En Done Taw, por ejemplo, los militares se trasladaron después de que una bomba golpeó un convoy en una carretera cercana, pero las personas muertas no formaban parte de ninguna resistencia, dijo otro residente a AP.

“Eran simplemente trabajadores normales en la plantación de hojas de betel”, dijo el soldador de 48 años. “Se escondieron porque tenían miedo”.

Para la investigación, AP habló con decenas de testigos, familiares, un comandante militar que desertó, grupos de derechos humanos y funcionarios, además de analizar datos de muertes de la AAPP. La AP también revisó imágenes satelitales y docenas de imágenes y videos, y los expertos los compararon con ubicaciones y eventos conocidos.

Es probable que las cifras estén muy por debajo de los asesinatos reales porque tienden a ocurrir en lugares remotos, y el Ejército suprime la información sobre ellos restringiendo el acceso a Internet y controlando los teléfonos celulares.

“Hay casos similares que están ocurriendo en todo el país en este momento, especialmente en el noroeste de Myanmar”, dijo a la AP Kyaw Moe Tun, quien se negó a dejar su puesto como Embajador de Myanmar ante las Naciones Unidas después de que el Ejército tomó el poder. “Mira el patrón, mira la forma en que sucedió … es sistemático y generalizado”.

El Ejército, conocido como Tatmadaw, no respondió a varias solicitudes por teléfono y correo electrónico para hacer comentarios.

Tres días después del ataque a Done Taw, el periódico estatal Global New Light of Myanmar desestimó los informes sobre los asesinatos como “noticias falsas”, acusando a países no identificados de “desear desintegrar Myanmar” incitando al derramamiento de sangre.

“La naturaleza de cuán descarado fue este ataque es realmente indicativo de la escala de violencia que podemos esperar en los próximos meses, y particularmente el próximo año”, dijo Manny Maung, investigador de Human Rights Watch.

Justo en la semana de la masacre de Done Taw, el Ejército mató a 20 personas más en Sagaing, según muestra el análisis de AP. Y el 17 de diciembre, los soldados mataron a nueve personas, incluido un niño, en el municipio de Gantgaw en la región vecina de Magway, dijo un testigo a la AP, lo que confirmaba los datos de la AAPP. Las tropas traídas en helicóptero ocuparon el pueblo durante dos días, y los que huyeron regresaron para encontrar, identificar e incinerar los cuerpos en descomposición, dijo el testigo.

El movimiento de tropas sugiere que es probable que aumente la violencia en el noroeste. Dos convoyes militares de más de 80 camiones cada uno con tropas y suministros de Sagaing llegaron al vecino estado de Chin, según un grupo de oposición. Y un ex capitán militar le dijo a la AP que los soldados en el estado de Chin fueron reabastecidos y reforzados en octubre, y que el Ejército ahora está almacenando municiones, combustible y raciones en Sagaing.

El ex capitán, quien se identifica con el nombre de guerra Zin Yaw, o Gaviota, es un veterano militar de 20 años que desertó en marzo y ahora entrena fuerzas de oposición. Dijo que continúa recibiendo actualizaciones de amigos que aún están en el Ejército y tiene acceso a documentos de defensa, varios de los cuales compartió con la AP como prueba. Su identidad también fue verificada por una organización de militares desertores.

“Lo que más preocupa a los militares es ceder su poder”, dijo Zin Yaw. “En el Ejército tienen un dicho, si te retiras, destruye todo. Significa que incluso si saben que van a perder, destruyen todo”.

El Tatmadaw derrocó a la popular Aung San Suu Kyi en febrero, alegando un fraude masivo en las elecciones democráticas de 2020 dieron un triunfo masivo a su partido. Desde entonces, el Ejército y la Policía han matado a más de mil 375 personas y arrestado a más de 11 mil 200, según la AAPP.

Uno de los primeros asesinatos en masa tuvo lugar el 14 de marzo en el municipio de Hlaing Tharyar en Yangon, la ciudad más grande de Myanmar, según un informe de este mes de Human Rights Watch. Los testigos dijeron que las fuerzas de seguridad dispararon contra los manifestantes con rifles de asalto militares y mataron al menos a 65, incluidos transeúntes.

A medida que las tácticas militares se han vuelto cada vez más brutales, los civiles han respondido. La oposición comenzó con un movimiento nacional de desobediencia civil y protestas, pero se ha vuelto cada vez más violenta con los ataques a las tropas y las instalaciones gubernamentales.

En mayo, el Gobierno de Unidad Nacional de la oposición anunció una nueva rama militar, la Fuerza de Defensa del Pueblo, y en septiembre declaró una “guerra defensiva”. Desde entonces, han surgido en todo el país grupos guerrilleros poco unidos que se hacen llamar PDF, con diversos grados de lealtad al Gobierno de Unidad Nacional (NUG), que está en exilio.

Un ejemplo anticipado de cómo el Ejército lanzó sus tácticas probadas en batalla en áreas mayoritariamente budistas se produjo a solo 59 kilómetros río arriba desde Done Taw en el municipio de Kani. En julio, circularon imágenes de masacres en cuatro pequeñas aldeas que el Embajador de Myanmar ante las Naciones Unidas denominó “crímenes de lesa humanidad”. Cuatro testigos dijeron a AP que los soldados mataron a 43 personas en cuatro incidentes y desecharon sus cuerpos en la selva.

El 9 de julio, soldados en camiones entraron al pueblo de Yin en Kani, lanzando un ataque que dejaría 16 muertos, según relatos de tres testigos. Los soldados comenzaron a disparar y la gente huyó. Las tropas rodearon a un grupo en la selva cercana, dijo una mujer que fue capturada con su hermano.

Fue puesta en libertad, pero nunca volvería a ver a su hermano con vida. Cuando regresó tres días después junto con otras personas, descubrieron su cuerpo en el suelo del bosque, ya pudriéndose por el calor y con signos de tortura.

“Todos vivimos con miedo”, dijo la mujer, que al igual que los demás habitantes pidió permanecer en el anonimato por seguridad. “Nos preocupa que puedan volver durante la noche”.

Un hombre de 42 años dijo que un grupo de búsqueda de 50 residentes encontró tres grupos separados de cuerpos. Algunos parecían haber sido arrastrados hasta la muerte por terreno rocoso con cuerdas o con sus propias ropas. Los cuerpos habían sido saqueados.

“Había algunos restos de carne y el olor era tan fétido”, dijo el aldeano. “Ni siquiera pudimos acercarnos por el olor”.

El pueblo ahora está aterrorizado en silencio, dijo, esperando el próximo ataque con las maletas hechas y el ritmo de vida cotidiano congelado por el miedo.

Otro residente de Kani le dijo a AP que cuando los soldados se acercaron a su pueblo de Zee Pin Twin el 26 de julio, huyó a la jungla. Regresó y encontró su casa hecha añicos y ennegrecida por el fuego. Se robaron bienes preciosos y documentos importantes, alimentos y otras pertenencias, como fotos de bodas, yacían en un montón humeante.

Dos días después, los residentes con perros de búsqueda encontraron 12 cuerpos, algunos enterrados en pozos poco profundos en la jungla. Un aldeano le dijo a AP que vio moretones y otros signos de tortura en los cadáveres, y que a un hombre le ataron las manos con cordones de botas militares y le amordazaron la boca.

Las descripciones coinciden con fotografías y videos de cuerpos quemados y brutalizados entregados al grupo de monitoreo Myanmar Witness.

“Cuando hay imágenes y videos (en) tres eventos separados … es muy difícil de negar”, dijo Benjamin Strick, jefe de investigaciones del grupo con sede en Reino Unido.

 

La AP no pudo verificar de forma independiente las espeluznantes imágenes, pero también coinciden con los informes de incidentes recopilados por la AAPP. John Quinley, un especialista en derechos humanos de Fortify Rights, dijo que el grupo cree que la violencia en Kani y en Sagaing es un “resultado directo” de las operaciones ahí de PDF, los grupos guerrilleros de resistencia.

La estrategia de la junta (militar) de Myanmar es tratar de crear un ambiente de terror y tratar de silenciar a los civiles y también tratar de expulsar al PDF”.

John Quinley, especialista en DH de Fortify Rights

Puede que esa estrategia no funcione. La resistencia solo se ha endurecido, según los habitantes de Kani.

“Todo el pueblo juega un papel”, dijo un hombre. “Algunas mujeres fabrican pólvora; la gente no trabaja; todos los aldeanos de alguna manera participan en la revolución”.

Otro describió a algunos supervivientes destrozados en una aldea unida por el odio a los militares.

“Ya no tengo miedo”, dijo. “En lugar de morir huyendo, usaré mi vida con un propósito”.

Se han reportado miles de deserciones del Ejército, aunque generalmente de rangos más bajos, dijo Quinley de Fortify Rights.

“Estas atrocidades le están sucediendo a la gente común, ya sabes, ingenieros, estudiantes universitarios, empresarios”, dijo. “Y por eso creo que hay un creciente movimiento de solidaridad a través de líneas religiosas y étnicas”.

El Tatmadaw, el Ejército, tiene la ventaja del poder aéreo y las armas automáticas. Pero la oposición en los estados de Sagaing y Chin se basa en el conocimiento del terreno y el apoyo de los lugareños, algunos ligeramente armados con armas tradicionales caseras cargadas por el cañón.

“Simplemente modifican sus habilidades de lucha a la guerra defensiva y la guerra de guerrillas”, dijo Aung Myo Min, Ministro de derechos humanos del NUG, en una entrevista desde Europa.


Se cree que los ataques del Ejército en Sagaing son la salva inicial de una campaña para acabar con la resistencia en el noroeste de Myanmar, llamada Operación Anawrahta. Anawrahta fue un rey budista del siglo XI que estableció un imperio birmano, y el nombre tiene un significado especial para los militares, dijo el desertor Zin Yaw.

“Eso significa que van a aplastar brutalmente a la gente”, dijo.

Más de 51 mil personas ya están desplazadas en siete municipios de Sagaing, incluido Kani, y otras 30 mil 200 en el estado de Chin, según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas.

“Lo que estamos viendo en Sagaing es realmente interesante, porque estamos hablando del corazón de Bamar que básicamente debería ser la base central de este Ejército”, dijo Maung de Human Rights Watch. “Es revelador lo preocupados que están los militares por su propia gente”.

Ahora hay crecientes indicios de que las fuerzas armadas están centrando su atención en el estado de Chin. Los combatientes de Chin afirman haber matado a decenas de soldados, según un análisis de redes sociales realizado por Myanmar Witness.

A medida que nuevos soldados llegaban al estado de Chin, los residentes informaron que las tropas reprimieron las protestas con balas reales y palizas brutales. Una maestra de la ciudad de Mindat dijo que muchos huyeron desde el principio, pero que ella estaba decidida a no ser obligada a salir.

Luego, los militares dispararon artillería contra la ciudad para que “las casas temblaran como un terremoto”, dijo. Su primo, miembro del PDF, fue asesinado por un francotirador y su cuerpo quedó atrapado en una trampa explosiva, dijo la maestra.

Esa noche, los residentes intentaron mover el cuerpo con un palo, desde la distancia. El cuerpo estalló.

“No recuperamos el cuerpo”, dijo la maestra. “En lugar de eso, tuvimos que recolectar piezas”.

Huyó a la vecina India en octubre.

A medio día en automóvil al oeste de Mindat se encuentra Matupi, una ciudad con dos campamentos militares que ahora está privada de sus jóvenes, según una estudiante universitaria que huyó con sus dos hermanos adolescentes en octubre. Dijo que los militares encerraron a las personas en casas y las prendieron fuego, escondieron bombas en iglesias y escuelas, mataron a tres líderes de las protestas que conocía y dejaron cadáveres en medio de las carreteras para aterrorizar a la gente.

Sin embargo, la resistencia se ha extendido, dijo.

“La gente le teme a los militares, pero quieren democracia y están luchando por la democracia”, dijo desde India, donde vive ahora. “Están gritando por democracia”.

Thantlang, una ciudad cerca de la frontera con India, también ha sido vaciada de su gente después de cuatro meses de intensos combates, según la Organización de Derechos Humanos de Chin. Imágenes de drones filmadas por el grupo en octubre y diciembre, y vistas por AP, muestran incendios dentro de edificios e iglesias carbonizadas, escuelas colapsadas y casas en ruinas. Las imágenes coinciden con los incendios detectados por satélites y entrevistas con los residentes.

Rachel, una joven de 23 años que se había mudado a Thantlang en junio para escapar de la pandemia de Covid en Yangon, dijo que los residentes comenzaron a escuchar explosiones y disparos a la distancia. Los sonidos se acercaron gradualmente a partir de septiembre.

Cuando el bombardeo golpeó la ciudad, ella y otros se escondieron en la planta baja de su iglesia local durante cuatro días, dijo.

Luego huyó a un pueblo cercano. Pero se escabulló de regreso a la ciudad el 3 de diciembre para recoger sus pertenencias. Mientras estaba en su casa con tres amigos, los disparos de armas pequeñas y las explosiones estallaron repentinamente afuera.

Sintió una quemadura cuando una bala le atravesó el torso. Dos de sus amigas huyeron, dejándola sola con un primo que tiene problemas para caminar debido a un defecto de nacimiento.

Le dijo que iba a morir y le pidió que se fuera. Pero él se quedó y envolvió su bufanda alrededor de su estómago para detener la hemorragia. Los dos lograron llegar a su motocicleta y su primo manejó con una mano mientras con la otra la sostenía a ella.

Un médico local determinó que la bala había alcanzado su teléfono celular y luego había entrado en el lado izquierdo de su estómago.

“Creo que habría muerto ahí si no hubiera golpeado el teléfono”, dijo Rachel, quien pidió ser identificada por un solo nombre por su seguridad.

Al día siguiente cruzó la frontera con Mizoram en India. En una entrevista con la AP desde Mizoram, dijo que regresaría a su casa a pesar del peligro para cuidar a su madre enferma, de 70 años.

En tanto, el aldeano que le contó a AP sobre la masacre de Done Taw se muestra desafiante. Había estado apoyando pasivamente al PDF desde antes, pero ahora promete vengar los asesinatos de sus vecinos.

“Acabo de decidir luchar hasta el final por ellos”, dijo. “Haré todo lo que pueda hasta que muera o hasta que me arresten”.