Tras la cancelación de lo que sería el Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), continúa el desmantelamiento de la obra en la que ya se habían invertido 100 mil millones de pesos. Foto: Jorge Ricardo

Nada, pues es fierro viejo.

El operador de grúa torre no tiene ningún sentimiento particular sobre el acero que saca del agua de Texcoco. Que otros sigan discutiendo si fue buena o mala la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) de 230 mil millones de pesos cuando ya llevaba 100 mil millones invertidos, se habían contratado 175 mil millones de pesos y tenía un 33 por ciento de avance.

  Al operador le toca sacar el fierro de los 11 embudos o foniles que ya estaban construidos para soportar la cubierta exterior de la torre de control con la que se esperaban coordinar 540 mil 500 operaciones en tres pistas y 68 millones de pasajeros anuales, a partir del 20 de octubre de 2020.

   “Ya las tumbaron y ya las estamos sacando del agua. Yo estoy sacando la estructura del agua y la estoy poniendo donde hay pasto seco para que la destacen”.

   Está sobre una banca de madera junto a la autopista Peñón Texcoco, afuera de la barda perimetral del NAIM, llamado además de la Ciudad de México (NAICM), que construyó el Ejército. 

   La barda de 31 kilómetros iba a costar mil 547 millones de pesos, pero subió hasta 2 mil 930 millones. Un 89 por ciento de sobrecosto y un retraso de 531 días. Desde afuera de la barda, junto a unas cuantas motocicletas de los obreros, en algún punto de las 4 mil 960 hectáreas que ocuparía el aeropuerto, se asoma el brazo inmóvil gigantesco de una grúa.

ERA UN LAGO, ¿O ES?

En el predio donde exisitió un lago, una de las primeras obras fue un colector de agua de 3.3 kilómetros y 419 millones de pesos para proteger las pistas de las inundaciones. Así luce por estos días. Foto: Jorge Ricardo

El terreno había sido un lago. O era un lago. Todavía se le nombra indistintamente. Pero una de las primeras obras fue un colector de agua de 3.3 kilómetros y 419 millones de pesos para proteger las pistas de las inundaciones. El Canal Colector de los Ríos de Oriente está en el otro extremo, más pegado a Texcoco, bajo una carretera inconclusa hacia Lechería. Las aguas, como aquí casi todo, están inmóviles.       

  “Desbordamos los ríos en 2020 y tapamos el canal con pico y pala, pero es difícil porque el canal tiene 60 metros de ancho y es difícil levantar una cortina de 60 metros”, dice Jorge Daniel Fonseca Cando, un ingeniero forestal y vocero del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra. 

   La organización de campesinos nació contra la construcción del aeropuerto en Atenco, en 2006, se opuso al aeropuerto en Texcoco en 2014 con el lema #YoPrefieroelLago y hoy insiste en que el Parque Ecológico Lago de Texcoco (PELT), proyectado en 18 mil 370 millones de pesos en el terreno disminuya sus construcciones urbanas, canchas, estacionamientos, y aumente las zonas inundadas. 

   Aunque el Gobierno prometió publicar el 24 de febrero, Día de la Bandera, la declaratoria de zona natural protegida sobre 14 mil hectáreas, incluidas las de la obra, el PELT va muy atrasado. La Secretaría de Hacienda reportó a finales del año pasado un avance de 0.5 por ciento. Al menos la declaratoria impediría que se siga construyendo. 

   Los foniles y la torre de control se inundaron. De las pistas donde se habían colocado miles de toneladas de piedra y tezontle se sacó el material para construir otro aeropuerto. López Obrador, que desde 2015 propuso cancelarlo, lo ve inundado cada vez que viaja en avión a Tabasco. 

   “Lo están rellenando de tezontle todo lo que es el agua para que yo pueda llegar allá con la grúa, está sumergida como 3 metros bajo el agua todavía. De ahí para abajo hay más estructura y van a sacar toda esa agua”, explica el operador de grúa.

   Esta mañana, ha olvidado el chaleco y el casco y está esperando a que alguien de adentro se lo traiga para que pueda pasar a continuar con su trabajo. Pero nadie sale, si no fuera por las ráfagas de autos que cruzan la autopista Peñón-Texcoco, ondulante por los desniveles, la zona estaría muerta. Hasta 2018, tres espectaculares gigantes blancos y verdes informaban que “Aquí se construye el NAIM” donde hoy sólo se ve el fierro viejo de los espectaculares e hilachos al viento.

    En cada entrada y en cada puente queda apenas el rastro del nombre del Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México (GACM) que fue arrancado. En 2016, el Municipio de Texcoco contó mil 837 viajes diarios de camiones con material hacia donde hoy no entra ni sale ninguno. López Obrador organizó una consulta en octubre de 2018, antes de asumir el cargo, para validar su orden de cancelar el aeropuerto. 

   El menos ecologista de los Presidentes usó de pretexto las afectaciones ambientales y la corrupción de Peña Nieto. Después, dejó sin resarcir las minas ilegales que proliferaron por la obra y el lodo tóxico que fueron a tirar junto a la reserva ecológica del Parque Nacional Molino de Flores. 

   “Se llevaron el problema de Texcoco a Santa Lucía y nos dejaron el lodo y es más, en la noche lo siguen trayendo”, acusa José Espino, investigador de la Universidad Autónoma de Chapingo.

   El Presidente se levantó sobre la obra: “No estoy pintado, no soy un florero, no acepto la corrupción”, dijo. Después, entregó el nuevo Aeropuerto de Santa Lucía al Ejército y tramos del Tren Maya a las demás empresas involucradas en Texcoco. “López Obrador ha elegido esa ceremonia para inaugurarse como Presidente”, escribió el politólogo Jesús Silva-Herzog Márquez. “El niño se descubre poderoso cuando rompe su juguete”.

'ME VAS A HACER LLORAR'

Entre el agua se alzan estructuras de acero que aún no han sido retiradas; para el 24 de febrero, el Presidente López Obrador prometió la declaratoria de 14 mil hectáreas del antiguo Lago de Texcoco como zona natural protegida, incluidas las correspondientes al cancelado NAIM. Fotos: Jorge Ricardo

  Hay un estremecimiento de ver el acero en el agua. Serían 21 foniles trenzados de acero de 45 metros, la torre de control medía 90 metros. Habían sido diseñados por el arquitecto mexicano Fernando Romero y el británico Norman Foster, ganador del Premio Pritzker. En su primera etapa, desde 2020, tendría tres pistas para 68 millones de pasajeros al año. En su última, cinco pistas para 125 millones de pasajeros.

  “Me vas a hacer llorar”, dice el arquitecto Emelio Barjau, quien formó parte de los despachos FR-EE y Foster + Partners como líder de proyecto en la Torre de Control de Trafico Aéreo del NAIM al observar las imágenes actuales de lo que quedó del proyecto.

  “Es muy triste ver los foniles caídos cuando estuvieron parados sin que la estructura estuviera terminada. Te juro, se hicieron todos los estudios para que esto fuera de lo mejor del mundo. Teníamos capacidad de reacción para limpiar las cenizas si explotaba el Popocatépetl. Jamás se hubiera inundado así, si hubiera llovido se hubiera encharcado, pero no iba a durar más de 10 minutos encharcado, pero no se terminó de hacer la obra”, añade.

   Barjau, de 40 años, hoy en TEN Arquitectos, enumera al teléfono: 200 arquitectos colaboraron tan sólo en México, cuando entregaron los planos contrataron un camión. Era la oportunidad de hacer algo, agrega, bien hecho que durara medio siglo.

   “No podemos hacer obras faraónicas habiendo tantas necesidades en nuestro país”, dijo López Obrador el 17 de octubre al arrancar los trabajos en Santa Lucía, un aeropuerto simple, diseñado como pueblo mágico. Texcoco lo había puesto a remate. 

   Cuarenta y nueve mil toneladas de acero en varios diámetros y espesores, 9 mil 600 montadas y el resto en el piso, detalló la Licitación Pública LPN-GACM-EB01/2020. La ganó Grupo Gilbert Estructuras en Acero que ofreció 4 mil 30 pesos por cada tonelada, mucho menos que los 12 mil 745 de su valor en el mercado. El dueño de la empresa es un tabasqueño, Tomás López Landero, y pagó 197 millones 470 mil pesos. Su apodo es el “El Rey de la Chatarra”.

   La Auditoría Superior de la Federación fijó hace un año en 331 mil 996 millones 517 mil pesos el costo de la cancelación de Texcoco, López Obrador armó un escándalo y la Auditoría ajustó a 113 mil 327 millones.

"No podemos hacer obras faraónicas habiendo tantas necesidades en nuestro país".

Presidente Andrés Manuel López Obrador
Los arquitectos Norman Foster y Fernando Romero eran los artífices del proyecto. Foto: REFORMA / Archivo

COSA MUERTA

El cielo está limpio, más limpio que el agua verdosa y gris donde se hunde el acero. Algunos campers también están hundidos o enterrados en el tezontle rojo. En el otro extremo el campamento del Grupo Aeroportuario está abandonado. Hay mil 534 luminarias fotovoltaicas junto a la barda abandonadas. El NAIM fue prometido como el primero fuera de Europa con huella neutral de carbono. Apenas una columna de obreros con chaleco y casco cruzan cargando palas para sembrar pasto y algunos árboles de lo que será el parque.

   La licitación marcaba 20 días para desmontar la torre de control y 60 para el desmontaje y retiro de los foniles, aunque un trabajador calcula un año para terminar con el desmonte. Los litigios y las denuncias de nueva corrupción detuvieron la obra. El 1 de julio de 2020, el día del fallo, siete de los 13 concursantes acusaron que Grupo Gilbert no declaró su conflicto de interés pues también surte de acero al Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, en Santa Lucía, donde reusaron el material de Texcoco para abaratar los costos. 

   “Es una marranada”, dijo Tomás López, dueño de la empresa que hizo la mejor oferta: 204.7 millones.

   Cae la tarde, un obrero trepa y trata de cortar el acero, los pedazos serán sacados por la grúa y llevados para su fundición. El silencio gigantesco de cosa muerta es agujereado apenas por la grúa y las sierras. Cuando cae el acero alguien contiene la respiración, puede que esto sea el símbolo de algo, ¿de qué?

"Es el derroche de un proyecto avalado a nivel internacional y de capricho con que fue sustituido por un aeropuerto que es inviable".

Luis Asali Harfuch, del colectivo #NoMásDerroches
Un trabajador calcula un año para terminar con el desmonte de la obra. Foto: Jorge Ricardo

  “Es el derroche de un proyecto avalado a nivel internacional y de capricho con que fue sustituido por un aeropuerto que es inviable”, dice Luis Asali Harfuch, integrante del colectivo #NoMásDerroches. 

   El único acto irregular demostrado es la construcción de la barda a cargo del Ejército a quien se le entregó la obra en Santa Lucía, agrega Gianmarco Coronado Graci del mismo colectivo. Pero en todo caso, los dos reconocen una pausa. Quizás cuando llegue otro gobierno pueda retomar este proyecto.

   Por eso la declaratoria de área natural prometida para el 24 de febrero es vista como otro intento para que no se retome el proyecto.

   “Que al menos hagan eso”, dice el ingeniero forestal Juan José Reyes, quien se opuso a Texcoco. Que se opone todavía a cualquier intento por resucitarlo. “Siguen lloriqueando”, dice sobre quienes ven en las ruinas del NAIM las ruinas de algo más grande. 

   “Todo este tiempo se fue a la basura. Toda esa inversión de tiempo, de trabajo de compromiso, todo ese entusiasmo se convierte nada más en una completa y absoluta desilusión de ver algo que pudo haber tenido un potencial increíble convertido en chatarra”, concluye Barjau.

   El único lugar donde quedan las siglas del nuevo aeropuerto es por el acceso al campamento del Grupo Aeroportuario abandonado. Detrás de la reja, de piedras, de pedazos de concreto y trafitambos rotos como zona de guerra, hay un letrero verde entre el campo seco abandonado: NAICM. Afuera de la barda, queda un anuncio grafiteado de la época de Peña Nieto: “Di no a la corrupción. Cero tolerancia”.

"Todo este tiempo se fue a la basura. Toda esa inversión de tiempo, de trabajo de compromiso, todo ese entusiasmo se convierte nada más en una completa y absoluta desilusión de ver algo que pudo haber tenido un potencial increíble convertido en chatarra".

Emelio Barjau, arquitecto

ESPERAN DECLARATORIA

El Presidente Andrés Manuel López Obrador prometió para el 24 de febrero la declaración de 14 mil hectáreas del antiguo Lago de Texcoco, incluidas las 4 mil 960 del cancelado Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), como zona natural protegida. Ese sería su último candado para evitar que el proyecto sea revivido.

   Ya en agosto del 2020 había anunciado el Parque Ecológico Lago de Texcoco, 15 veces mayor que el Bosque de Chapultepec, con refugios para plantas y animales, áreas para conciertos y un parque deportivo, lagunas y humedales, a un costo de 18 mil 370 millones de pesos, a cargo del arquitecto Iñaki Echeverría, quien calculó que podría comenzar a abrirse una parte desde 2021, lo que aún no ha sucedido.

    En diciembre, López Obrador anunció la declaratoria. Sería para 14 mil hectáreas, 10 mil que ya son del Gobierno y 4 mil de 16 ejidos entre quienes promovió una consulta de la que no se han dado pormenores. En vista del retraso del proyecto, habitantes de Texcoco y activistas ambientales esperan que al menos el decreto se cumpla.

    “Todo se ha manejado muy en secreto”, considera el investigador de la Universidad Autónoma de Chapingo José Espino.

   “Dijeron que harían consultas, pero al final lo manejaron como reuniones informativas. Nosotros hicimos propuestas y todavía no sabemos si las incorporaron”.   

Tras la cancelación de la terminal aérea, se anunció el Parque Ecológico Lago de Texcoco, proyectado en 18 mil 370 mdp. Tiene apenas un avance de 0.5%.

   Espino acusa que el proyecto sólo tiene de ecológico el nombre. “Tiene canchas, tiene estacionamientos, foros para conciertos, entonces no es ecológico, lo que debería de hacer es que se inunden los terrenos para recuperar justamente lo hidrológico que iba a ser afectado por el aeropuerto”, sostiene.

   Jorge Daniel Fonseca Cando, un ingeniero forestal e integrante del proyecto “Manos a la Cuenca” del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, recuerda que la mayor parte de las sugerencias fueron sobre no aumentar más 400 hectáreas las áreas de concreto, aunque señala que las obras no han avanzado mucho. Desde fuera de la barda del NAIM se observan algunos obreros plantando árboles y pasto.

   El año pasado, en un informe de la Secretaría de Hacienda el avance no superaba el 1 por ciento. El 24 de enero en la conferencia del Presidente se informó del reforzamiento en el lago Nabor Carrillo, la rehabilitación de vialidades, colado de guarniciones y de drenes laterales y avances en la construcción de miradores y en reforestación.

   Para 2022 se solicitaron 2 mil 100 millones 50 mil pesos, y según el proyecto, del Presupuesto total, 7 mil 20 millones serían para después de 2025, con lo que corre el riesgo de que quede inconcluso.

   Fonseca celebró sin embargo que se han detenido algunas obras prevista por el NAIM, el drenado del Lago, que se han inundado de nuevo algunas zonas, que hay la promesa para construir una cortina que cancele el Canal Colector de los Ríos de Oriente y que esto es a pesar de que quedan funcionarios que trabajaron en las obras para secar el lago.

   La publicación de la declaratoria sería al menos algo concreto, pues según un reporte de diciembre del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria, el presupuesto de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas ha tenido reducciones anuales constantes desde 2017. De 2019 y 2020 se redujo 34 y 18 por ciento con respecto al año anterior, respectivamente, y el presupuesto aprobado para 2022, de 887 millones 345 mil 822 pesos, es 51 por ciento inferior con respecto a lo ejercido en 2014.