Detalle de "Hendrickje Stoffels como Palas Atenea" (1654), de Rembrandt van Rijn. Foto REFORMA / José Luis Ramírez

Con su armadura, casco, escudo y capa de lino rojo, Palas Atenea preside la Sala Jorge Alberto Manrique del Museo Nacional de Arte (Munal), investida, sobre todo, por el magistral claroscuro de Rembrandt van Rijn. 

   Sin embargo, la sonrisa que se insinúa en su rostro, de complicidad declarada, y un delicado arete de perla, delatan que no se trata de la diosa protectora de los guerreros y divinidad de la sabiduría, sino de la diosa terrenal que salvó al pintor neerlandés en uno de sus peores momentos: su compañera Hendrickje Stoffels.

   Como primera exposición del 2022, en el 40 aniversario de su fundación, el Munal exhibe este óleo, pintado en 1654, como pieza central -casi la única- de la muestra La diosa de la casa de Rembrandt.

Foto REFORMA / José Luis Ramírez

   Proveniente de una colección privada cuyo nombre, según se convino entre el recinto y su propietario, ha quedado reservado, la Palas Atenea de Rembrandt permite asomarse a uno de los períodos más emblemáticos de la producción del artista y, a la vez, a un momento fundamental de su vida hogareña. 

  “Esta exposición está dedicada a la gran diosa de la casa, la compañera, amiga, la cómplice, la madre de Cornelia (última hija de Rembrandt) e inmortalizada en un retrato de una suerte de eterno femenino”, explicó en un recorrido el curador en jefe del Munal, Héctor Palhares.

Héctor Palhares, curador en jefe del Munal. Foto REFORMA / José Luis Ramírez

   Pintada para el Festival del Gremio de Pintores de San Lucas de Ámsterdam, a mediados del siglo 17, la pintura tiene como modelo a Hendrickje Stoffels, compañera de Rembrandt tras la muerte de su esposa, Saskia van Uylenburgh.

   Hundido en una situación económica desastrosa, fue su última pareja sentimental quien logró devolverle estabilidad a su vida, pero fue constantemente señalada y criticada por vivir con el pintor y por haber tenido una hija con él fuera del matrimonio.

"Retrato de Rembrandt" (1631), atribuido a Gerrit Dou, su discípulo. Foto REFORMA / José Luis Ramírez

  “La mujer de Rembrandt se convierte en una diosa olímpica. Es una investidura muy significativa porque, a merced de estos valores contradictorios, dictados por la moral protestante del siglo 17, era una mujer que vivía en mancebía, es decir, fuera del matrimonio con un artista viudo, en una situación polémica de una tradición puritana, calvinista, sumamente ortodoxa”, contextualizó Palhares.

 “Esta exposición está dedicada a la gran diosa de la casa, la compañera, amiga, la cómplice…”

   “Finalmente, esta mujer se desprovee de toda esta tradicional iconografía de la diosa Palas Atenea, diosa de la sabiduría, protectora de los guerreros, para convertirse en una mujer que habla con voz propia, a partir de esa domesticidad, de ese encuentro, de esa calidez que el maestro utiliza para ponderarla y defenderla de las críticas sociales a las que se vio sujeta precisamente por esta relación”, abundó.

   De acuerdo con Carmen Gaitán, directora del Munal, fue a sugerencia del académico Stefano Cracolici, miembro del comité técnico y académico de la institución, que se decidió realizar las gestiones con el coleccionista privado para traer la pieza, con el presupuesto del museo.

   “Yo estoy muy, muy, agradecida con esta colección alemana, porque están dándonos el valor y avalando este museo”, dijo Gaitán.

  “Están avalando que el Museo Nacional de Arte cuenta absolutamente con toda la implementación de seguridad, de luces, de clima, de cámaras de televisión, para poder albergar una obra de esta talla”.

   De acuerdo con Palhares, la obra pertenece a la “era dorada de la producción rembrandtiana” y aseguró que no se ha presentado una de calado similar en México desde los años 90.

"Yo estoy muy, muy, agradecida con esta colección alemana, porque están dándonos el valor y avalando este museo".

Carmen Gaitán, directora del Munal

  La exposición, que su curador denomina “de gabinete”, por el tamaño, consta también de dos dibujos y una estampa de la autoría de Rembrandt, que representan a dos mendigos y a un hombre de barba y sombrero.

   También, un retrato de Rembrandt atribuido a Gerrit Dou, su discípulo más destacado.

   Abierta al público a partir de este 24 de febrero, con un programa de conferencias magistrales que la acompañan, la muestra reivindica a la mujer que logró salvar al maestro neerlandés del claroscuro.