Un convoy de cinco camionetas serpenteaba con lentitud el 25 de marzo desde la maltrecha capital ucraniana, Kiev, hacia Chernígov, en el noreste del país. A bordo había generadores de electricidad, ropa, combustible y medicamentos necesarios para tratar el VIH.

Como el puente principal quedó destruido por los bombardeos, los conductores se desplazaban por carreteras secundarias con la esperanza de llegar a Chernígov y comenzar a distribuir los medicamentos a algunos de los 3 mil residentes que los necesitan con urgencia.

Los organizadores de iniciativas como esta se apresuran para evitar que la guerra en Ucrania se convierta en un desastre de salud pública. Dicen que el conflicto amenaza con acabar con décadas de progreso en la lucha contra las enfermedades infecciosas en toda la región, lo cual desataría nuevas epidemias que serían casi imposibles de controlar.

Muerte por bombardeo o falta de medicinas

Ucrania tiene cifras muy altas de personas que viven con VIH y hepatitis C y niveles muy bajos de vacunación contra el sarampión, la poliomielitis y Covid-19, lo cual es un peligro. Las condiciones de hacinamiento e insalubridad de los refugiados son un caldo de cultivo para el cólera y otras enfermedades diarreicas, por no hablar de las plagas respiratorias como Covid-19, la neumonía y la tuberculosis.

“De no recibir los medicamentos, existe un alto riesgo de que mueran por la falta de terapia, si es que no mueren por bombardeos”, afirmó Dimytro Sherembei, director de 100% Life, la organización que entrega medicamentos a las personas con VIH que residen en Chernígov.

Sherembei, de 45 años, supo que era seropositivo hace 24 años. Es una de las más de 250 mil personas que viven con el virus en Ucrania, una enorme epidemia generada en gran medida por el uso compartido de agujas contaminadas entre los consumidores de drogas intravenosas.

Ucrania y la región circundante también constituyen un epicentro mundial de la tuberculosis multirresistente, una variante de esta enfermedad resistente a los fármacos más potentes.

En los últimos años, el Ministerio de Salud ucraniano había logrado avances en el control de estas epidemias, incluido un descenso del 21 por ciento en las nuevas infecciones por VIH y una disminución del 36 por ciento en los diagnósticos de tuberculosis desde 2010. Sin embargo, en este momento, las autoridades sanitarias temen que los retrasos en el diagnóstico y las interrupciones del tratamiento durante la guerra puedan permitir que estos patógenos resurjan, con consecuencias que causarían estragos durante años.

“El año pasado, estábamos trabajando para diferenciar entre distintas mutaciones de tuberculosis”, dijo Iana Terleeva, quien dirige los programas de tuberculosis del Ministerio de Salud de Ucrania. “En cambio, ahora, estamos tratando de identificar si se trata de un bombardeo aéreo, una incursión u otro tipo de equipo militar”.

Salud en la guerra

Los combates también han dañado las instalaciones sanitarias de todo el país y han provocado una crisis de refugiados que pone en peligro a miles de personas con enfermedades crónicas como la diabetes y el cáncer que dependen de una atención médica constante.

“Todo está en muy alto riesgo, como siempre ocurre en el campo de batalla”, dijo Michel Kazatchkine, quien fungió como enviado del secretario general de la ONU para Europa del Este.

La guerra “tendrá un enorme impacto en los sistemas sanitarios ya de por sí frágiles”, dijo Kazatchkine.

Debemos anticipar crisis sanitarias importantes relacionadas con enfermedades infecciosas y crónicas en toda la región y se puede esperar que sean graves y perdurables”.

Michel Kazatchkine, enviado de la ONU

Más de 4 millones de ucranianos han huido a los países vecinos, la mayoría a Polonia, y casi 7 millones son desplazados internos. Los refugiados están llegando a países que no están preparados para una oleada de pacientes con necesidades médicas, según los expertos.

Por ejemplo, Moldavia es una de las naciones más pobres de Europa y está mal equipada para atender a los refugiados o frenar los brotes de enfermedades infecciosas. Países como Kirguistán y Kazajistán compran medicamentos y vacunas producidas por Rusia y dependen en gran medida de la economía de este país.

La propia Rusia tiene más personas con VIH que cualquier otro país de Europa del Este y es probable que las sanciones de Occidente interrumpan los ya bajos niveles de financiamiento de los servicios en el país.

En Ucrania, casi mil centros de salud están cerca de zonas de conflicto o de áreas que ya no están bajo el control del gobierno. La Organización Mundial de la Salud ha registrado al menos 64 ataques contra estas instalaciones, de las cuales 24 quedaron dañadas o fueron destruidas.

Los hospitales que siguen funcionando tienen dificultades para atender a los enfermos y heridos y están paralizados por la disminución de suministros médicos, como el oxígeno y la insulina, además de la escasez de equipos para salvar vidas, como desfibriladores y respiradores.

Según la Organización Mundial de la Salud, cientos de niños con cáncer han abandonado sus hogares. El conflicto armado incluso ha entorpecido la vacunación infantil rutinaria.

Solo alrededor del 80 por ciento de los niños ucranianos fueron vacunados contra la poliomielitis en 2021, y ya se habían detectado algunos casos de esta enfermedad en el país incluso antes de que comenzara la guerra; la cobertura de vacunación contra el sarampión en Ucrania es demasiado baja para evitar brotes.

Muchos expertos temen que estos sean los elementos que lleven a una situación desastrosa para la salud pública. La OMS y otras organizaciones están desplegando equipos médicos y enviando suministros, vacunas y medicamentos a Ucrania y a los países vecinos. Pero es posible que la ayuda nunca llegue a las zonas de conflicto activo.

Durante los confinamientos pandémicos, el gobierno ucraniano empezó a distribuir los medicamentos para VIH y tuberculosis en suministros suficientes para tres meses. Pero muchos habitantes tuvieron que abandonar sus ciudades arrasadas y solo pudieron llevarse una cantidad limitada de las medicinas que necesitan para seguir con vida.

Crisis regional

Se cree que al menos mil 200 personas con tuberculosis han huido de Ucrania. La Alianza por la Salud Pública, una organización sin fines de lucro, atiende a más de 400 pacientes en dicha situación en países como Polonia y Moldavia. La OMS también ha alistado una cantidad de fármacos para la tuberculosis en Polonia para los refugiados que lleguen procedentes de Ucrania.

Pero la mayoría de los refugiados son mujeres y niños, mientras que la mayoría de los ucranianos con tuberculosis resistente a los medicamentos son hombres que deben permanecer en el país y unirse al combate, dijo Andriy Klepikov, director ejecutivo de la alianza.

Más de una de cada cuatro nuevas infecciones de VIH en Ucrania suceden entre los casi 350 mil consumidores de drogas inyectables. Antes de la guerra, las políticas de Ucrania para mitigar el daño, permitían que más de 17 mil habitantes recibieran la llamada terapia de sustitución de opiáceos.

La demanda de tratamiento ha aumentado en tanto ha disminuido el acceso a las drogas callejeras durante el conflicto. Pero ahora, dijeron los expertos, es poco probable que el suministro de los fármacos de sustitución de opiáceos, como la metadona y la buprenorfina, dure más de un par de semanas.

Así que la OMS y otras organizaciones sin ánimo de lucro piden donativos de medicamentos de la República Checa, Austria y otros países. El Global Fund, una inmensa organización dedicada a la salud, ha puesto a disposición más de 3 millones de dólares para comprar estos tratamientos a lo largo del año siguiente.

Otros peligros

A algunos expertos les preocupa que si las fuerzas rusas se imponen, los consumidores ucranianos de drogas estarían en grave peligro. La terapia de sustitución de opiáceos es ilegal en Rusia. En 2014, a diez días de anexarse Crimea, Rusia cerró todos los centros donde se distribuía metadona, lo que resultó en fallecimientos por sobredosis y suicidios.

En particular, las mujeres que consumen drogas enfrentan el estigma y la discriminación por parte de las organizaciones estatales y las instituciones médicas, apuntó Tetiana Koshova, coordinadora regional en Kiev de la Red Ucraniana de Mujeres que Consumen Drogas.

Antes de la guerra, la organización ayudaba a entre 50 y 70 mujeres cada mes, pero esta cifra ahora se ha duplicado, dijo Koshova.

Koshova recibió su diagnóstico de VIH en 2006, a la edad de 27 años, y dijo que le preocupaba la disponibilidad de fármacos para el VIH en tanto la guerra se prolonga lentamente. Si bien en los almacenes aún quedan suministros de medicamentos antirretrovirales, “la situación puede cambiar en cualquier momento porque los misiles caen en cualquier lado y destruyen todo indiscriminadamente”.

Pasó gran parte de un día reciente “sin hacer nada en un sótano” debido a la amenaza de ataques con cohete.

“Se escuchan explosiones constantemente y hay problemas con la electricidad periódicamente”, añadió. “Toda la noche y varias veces al día tengo que ir al refugio antibombas”.