ANTECEDENTES

En 2012, una denuncia alertó a las autoridades de Chiapas sobre la presencia de restos humanos en una cueva de la localidad de Carrizal, en el municipio de Frontera Comalapa.

Entrada principal de la cueva de Comalapa. Imagen cortesía Procuraduría General del Estado de Chiapas.

La Fiscalía General del Estado de Chiapas, al considerar que estaba ante el escenario de un crimen, recolectó los elementos óseos para su análisis en Tuxtla Gutiérrez.

Altar de cráneos, o tzompantli, hallado en la cueva de Comalapa. Imagen cortesía Procuraduría General del Estado de Chiapas.

Posteriormente, la intervención de especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) determinó que las osamentas eran prehispánicas, de mayas que habitaron la región hace mil años, aproximadamente.

Imagen cortesía Centro INAH-Chiapas

¿CÓMO LO SUPIERON?

Los investigadores determinaron que se trataba de restos prehispánicos por la deformación craneana intencional que presentaban. De acuerdo con el antropólogo físico Javier Montes de Paz, quien ha estudiado estos vestigios, los mayas veneraban al jaguar e intentaban parecerse a él con un modelado de cabeza que infundía temor a sus enemigos.

Imagen cortesía Centro INAH-Chiapas.

También se limaban la dentadura para lograr colmillos semejantes a los del felino y se provocaban el estrabismo.

Imagen cortesía Centro INAH-Chiapas

"Se deformaban la cabeza porque querían parecerse a ellos, tan es así que no solo practicaban esta modificación, sino que también hacían una cirugía para provocar el estrabismo, porque según quienes se dedican al estudio de esta especie animal, el jaguar tiene una vista estereoscópica".

Javier Montes de Paz, antropólogo físico
Javier Montes de Paz, antropólogo físico del Centro INAH-Chiapas. Imagen cortesía de la dependencia.

¿POR QUÉ LO CONSIDERAN UN TZOMPANTLI?

Aunque se han identificado huesos largos de fémures, tibias o radios, hasta ahora no se ha reconocido un solo entierro completo, sino mayormente cráneos o fragmentos de estos, por lo cual se trata de un contexto de numerosos individuos que fueron decapitados por sus enemigos.

Imagen cortesía Centro INAH-Chiapas

¿EN QUÉ SE DIFERENCIA DE OTROS TZOMPANTLIS?

Entre las víctimas de sacrificio de Tenochtitlan también se han encontrado cabezas cercenadas, pero les aplicaron tratamientos póstumos más complejos: fueron desolladas y descarnadas; algunas hervidas. Esto se hizo con la intención de obtener un aspecto esqueletizado, como ha documentado la especialista Ximena Chávez Balderas.

Aspecto del Huei Tzompantli hallado en 2015 en el Templo Mayor. Imagen cortesía INAH.

A algunos individuos se les realizaron orificios en la base del cráneo, y otros sirvieron para elaborar las llamadas máscaras cráneo. A otras víctimas se les hicieron dos perforaciones laterales, para ensartarlos en maderos y exhibirlos en el tzompantli.

Imagen cortesía INAH.

Y aunque los tzompantlis suelen asociarse con las prácticas rituales mexicas, los mayas ya realizaban rituales de sacrificio que incluían la decapitación y la exhibición de cabezas en los referidos maderos. En la zona arqueológica de Chichén Itzá se encuentra una plataforma denominada precisamente “Tzompantli”, sobre la cual se alzaba una estructura de madera para mostrar los cráneos de los enemigos.

 

Plataforma tallada en piedra en Chichén Itzá. Imagen tomada de www.chichenitza.com

En Chichén Itzá se han recuperado cráneos con perforaciones que indican su ensartamiento en maderos. También se han hallado cráneos que formaban parte de las antiguas edificaciones arquitectónicas mayas.

Otro ángulo de la plataforma. Imagen tomada de www.chichenitza.com

En cambio los cráneos de Comalapa carecen de estos orificios. Los vestigios de varas de madera hallados en la cueva indican que estas pudieron funcionar como soporte, a manera de mesa, y por eso los restos óseos carecen de horadaciones.

Cueva de Comalapa. Foto cortesía Procuraduría General del Estado de Chiapas.

Además ninguno de los cráneos conserva los dientes, los cuales pudieron retirarse como parte del ritual de sacrificio para los cautivos. Todavía no se aclara si las piezas dentarias les fueron extraídas en vida o post mortem.

Imagen cortesía Centro INAH-Chiapas

"Hemos reconocido los restos óseos de tres infantes, pero en su mayoría los huesos son de adultos y, hasta ahora, son más de mujeres que de hombres".

Javier Montes de Paz, antropólogo físico
Imagen cortesía Centro INAH-Chiapas

IMÁGENES: www.inah.gob.mx / Facebook Centro INAH-Chiapas