DON ERNESTO Y “EFRA”

Desde hace 11 años, el último lunes de cada mes, el nombre de Ernesto Efraín Vidal Flores es pronunciado entre los ruegos a Dios por el sacerdote de la Iglesia del Refugio, en Mitras Centro.

Parte de los feligreses saben de quién se trata: es el hijo de don Ernesto Vidal Negrete, joven de 30 años que desapareció el 11 de abril del 2011, año de intensa violencia, cuando salió de casa con otros chicos.

El muchacho estudiaba Criminología cuando un grupo armado se los llevó a él, a Daniel Ramírez Pérez y a Víctor Alejandro Palacios de un puesto de tacos cerca de la Estación Mitras.

Un cuarto hombre, mucho mayor, Roberto Mier, estaba con ellos, pero no fue secuestrado. Algo más que supo don Ernesto es que el vehículo en que se los llevaron tomó hacia el norponiente de la Ciudad.

Desde entonces, don Ernesto no dejó de estar presente en cuanto colectivo y manifestación de familiares de personas desaparecidas. Casi siempre con la foto de su hijo en cartelones colgados del cuello o entre sus manos, el ex empleado de una azucarera veracruzana y más tarde de una fábrica de mosaicos en Monterrey, ahora jubilado, ha pedido justicia sin que ninguna autoridad le haya hecho caso.

La última petición fue al Presidente Andrés Manuel López Obrador: con copia a la entonces Secretaria de Gobernación Olga Sánchez Cordero, al subsecretario de Derechos Humanos Alejandro Encinas y a la titular de la Comisión Nacional de Búsqueda Karla Quintana, don Ernesto contó su triste historia que lleva 11 años y que sólo ha llegado a oídos sordos.

Un asistente de Presidencia dio acuse de recibo. Desde entonces.

El ir y venir de don Ernesto en los primeros meses cuando no existían comisiones ni capacitación de autoridades recuerda casos como el de los padres de Luis Gerardo Carrillo Luna, su novia Irma Verónica Garza Chapa, su hermano Gustavo Fernando, así como de Patricia Deyanira Garza Ortiz y José Francisco González Montemayor, quienes entre la noche del 29 y la madrugada del 30 de agosto del 2006 fueron privados de su libertad cuando viajaban a Sabinas Hidalgo por la Carretera a Laredo, en Ciénega de Flores.

Los padres, encabezados por Gerardo Carrillo, padre del chico del mismo nombre, hicieron hasta lo imposible por encontrar a sus muchachos. Sin embargo, el caso, como es la norma aún hoy, está impune.

Hoy de 87 años, con algún problema en la rodilla que le impide una fácil movilidad, don Ernesto pasa sus días en compañía de su esposa Magdalena Flores esperando noticias. Padre de pies a cabeza, no se da por vencido.

“Algo me dice que mi hijo está vivo”, comenta, “sé que está vivo y tengo la esperanza de volver a verlo”.

El hombre considera que las autoridades, desde el principio, le han apostado al olvido en el caso de “Efra”, como le llama a su hijo, uno de los dos que tuvo con su esposa. Él, sin embargo, resiste: ha hecho tantas antesalas y marchado tantos caminos que su corazón le dio un susto hace unos años, pero al recuperarse volvió a la búsqueda.

“Uno no sólo busca a su hijo”, dice, “esta búsqueda es de todos los hijos que faltan”.

JULIO Y “KARY”

Una de las imágenes que a veces se aprecian en pancartas en manifestaciones feministas y de personas desaparecidas es la de una chica de grandes ojos, piercings y cabello teñido de color azul o verde.

Se trata de Gloria Karina Oliva Ayala, quien desapareció tras una cita de trabajo en un local de comida rápida en el municipio de Juárez el 7 de enero del 2015.

Días antes, su papá Julio Oliva Carrillo regañó a la chica de 20 años y con diversos tatuajes por llegar tarde: ella le contó que venía de una manifestación de familiares de personas desaparecidas.

“Déjate de cosas, puedes salir lastimada”, le dijo él.

Ella lo miró, conmovida: “Pa’, ¿por qué las personas desaparecen? ¿Cómo es posible que pasen cosas así?”.

Agregó: “Esa palabra, ‘desaparecido’, no debería existir”.

Siete años después, Julio, hoy de 53 años y dedicado por completo a la búsqueda de la joven, reflexiona.

“Ha sido terrible desde entonces, viviendo noches largas de insomnio, de dolor y angustia que se apoderan de uno por no saber nada de Kary, donde la incertidumbre te consume por si come o no, si tiene algún techo que la proteja de la inclemencias del tiempo, del sufrimiento por el que puede estar pasando, de no saber si vive o está en alguna fosa común o clandestina en Nuevo Leon o en algún otro Estado del país”.

Julio, sin embargo, no se ha dejado tomar por el dolor y vive para hallarla. Es conocido en redes porque constantemente promociona el caso con un “Kaariisss pronto!!!!” en alusión a que encontrará a su “Princesa punk”, como llama a la chica.

“Mi relación con Kary no es sólo de padre e hija, sino de amigos”, cuenta Julio, así, en presente. “Es alguien con quien puedo contar al igual que ella conmigo, sin olvidar el respeto que me tiene como padre.

“Bromear por teléfono, mensajes constantes, cocinar juntos (nos encanta la cocina), escuchar música, divertirnos en casa y al salir en auto, rocanrolear, disfrutando de sus locuras, ella gritando y cantando: es una aventura, porque no sabes con qué ocurrencias saldrá”.

Julio dice que la Fiscalía no ha hecho nada desde hace años: “Yo soy quien sale a buscar a mi hija, la mayor parte de la investigación e información ha sido llevada por mi, lamentablemente eso sucede en cada caso de ‘desaparición’, los mismos padres somos quienes salimos a buscar a nuestros hijas e hijos.

“En mi caso ya he recorrido parte de la república buscándola en los Semefo, calles, albergues, lugares de prostitución… y pidiendo el apoyo a la Comisión de Búsqueda y fiscalías de los estados que he visitado, dejando las alertas de búsqueda de Kary y de algunos más que llevo en mi mochila”.

Al difundir las alertas de búsqueda de la joven en diversos grupos en redes sociales, cuenta, uno se da cuenta de la magnitud de la tragedia: al compartir alertas de otras víctimas, señala, de alguna manera se le quedan grabados en la mente los rostros de esas personas.

“Así, al acudir a los semefo y ver las fotografías de los NN (no identificados) trato de localizar no sólo a mi hija sino a todos aquellos que compartí y sigo viendo en los grupos de búsqueda”.

La esperanza, afirma este hombre, no ha disminuido nada.

“El amor por Karis es lo que me mantiene vivo, es lo que me alienta a no desistir.

“Aunque después de cada búsqueda me sienta cansado y decepcionado por no poder regresarla a casa, no me siento vencido: siempre habrá otro día más para salir a encontrarme con ella”.

FRANCISCO JAVIER E HYRAM

Francisco Javier Martínez tiene presente la fecha en que el tiempo se detuvo en la historia de su familia: el 8 de noviembre del 2020, día en que su hijo Hyram Eduardo Martínez Buzo, de 24 años, fue privado de su libertad con su amigo Óscar Alejandro en una camioneta que luego fue encontrada sin llantas en Ciénega de Flores.

“El tiempo se detuvo para nosotros, su desaparición nos marcó como individuos y como familia, no se llega a superar esa ausencia”, afirma este técnico en electricidad industrial de 58 años.

“Vives esperando el milagro que nunca llega, vives esperando despertar de una pesadilla, de un mal sueño.

“Para nosotros fue un cambio de dinámicas de vida, donde la ausencia de Hyram pesa en una silla vacía, en una celebración o en una conversación que nunca se concluyó”.

Hyram, que concibió con Leticia Buzo Agundiz, es el tercero de sus hijos, y dice que desde pequeño se desarrolló un lazo entre ellos, acaso en parte por el fuerte parecido físico: “Imitaba muchos de mis rasgos, nuestra relación estaba en el mejor punto de la vida, un hijo muy entregado, preocupado por sus padres en todos los sentidos, siempre viendo que en medio de la pandemia estuviéramos bien, que tuviéramos lo necesario para vivir”.

El joven ya estaba casado, era mecánico industrial y trabajaba como guardia en un parque de Monterrey. La desaparición, sin embargo, lo interrumpió todo. Desde luego, y como es una constante en cualquier carpeta de la Fiscalía, no hay avances.

“De la autoridad, nada”, comenta Francisco Javier. “Lo último que nos dijeron es que habría una revisión del caso y después de eso no ha habido ninguna comunicación.

“La realidad es que la información, poca o mucha, ha sido resultado de la gestión de Buscadoras por Nuevo León”.

El hombre constantemente difunde la desaparición de Hyram en redes sociales. Es de los pocos padres que lo hace.

El atribuye esta ausencia paterna a que la mayoría de los hombres no procesa el dolor como las madres: “Ellas se quedan con un vacío en el corazón el día que sus hijos desaparecen y muchos (papás) no pueden entender ese lazo de conexión entre madre e hijo que los hace buscarlos aun debajo de las piedras. Por eso hay más madres buscadoras que muchos de nosotros”.

Sin dejar de buscar, Francisco Javier dice que la mejor forma de honrar a su hijo es intentar ser feliz.

“Hoy nos esforzamos por demostrarnos el amor que nos tenemos como familia y aun en su ausencia decirle cuánto lo amamos, y que donde quiera que esté sepa que la vida sigue, pero que su ausencia y el amor que nos teníamos nos dejó lazos inquebrantables que ni la muerte o el olvido podrán desaparecer”.