La zona arqueológica de Toniná se ubica en el valle de Ocosingo, en Chiapas. Foto Mauricio Marat / Cortesía INAH

EL HALLAZGO

La hipótesis sobre el uso de cenizas para elaborar bolas de hule es planteada por el investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Juan Yadeun, luego del hallazgo de una cripta prehispánica en el Templo del Sol, la estructura piramidal más importante de esta zona arqueológica del valle de Ocosingo, en Chiapas, y del estudio de más de 400 vasijas que contenían material orgánico, como cenizas, carbón, goma y raíces.

El arqueólogo Juan Yadeun Angulo es responsable desde hace más de cuatro décadas de la conservación e investigación del sitio arqueológico de Toniná. Foto Mauricio Marat / Cortesía INAH

Recientes exploraciones en el costado norte del templo permitieron ubicar una tapa de piedra –de 90 por 60 centímetros– con la representación de un cautivo atado, misma que fue llevada al museo de sitio y reemplazada in situ por una réplica, informó el INAH.

Como en un laberinto, la boca de piedra subyacente condujo a una serie de pequeñas bóvedas y cuartos conectados por escalinatas de una decena de peldaños, que rematan en una antecámara y una cripta, ubicadas a 8 metros de profundidad en el interior de la pirámide.

El arqueólogo Yadeun indica que la antecámara (1.34 por 1.64 metros y 1.34 metros de altura) y la cripta (1.34 por 1.34 metros y 1.10 metros de altura) son habitáculos reducidos, donde se hallaron vasijas con cenizas humanas y el tacto oleoso que permanece en sus muros al paso de trece centurias.

El análisis microscópico de la materia orgánica contenida en estas piezas refiere que personas especializadas, posiblemente sacerdotes, emprendían la combustión de los cuerpos inertes de personajes de alto rango, y que el azufre de las cenizas -el tercer mineral más abundante en función del porcentaje del peso corporal total- era utilizado para la vulcanización de hule, con el que se confeccionaban las bolas usadas en el rito del Juego de Pelota.

En el Juego de Pelota del sitio arqueológico de Toniná destacan las esculturas de tres aros que delimitan el interior y el suelo de la cancha.

Yadeun detalla que el contenido discursivo de estos aros expone que tres gobernantes: Wak Chan Káhk´ (fallecido un día 8 chikchan, 1 de septiembre de 775 d.C.); Aj Kololte’, dignatario subordinado a la dinastía de Po’p (muerto en 12 akbal 11 sotz, 1 de abril de 776 d.C.) y la señora Káwiil Kaan (cuyo deceso fue en 722 d.C.) fueron llevados a la cueva de la muerte pasados 260 días, cumplido un ciclo del calendario ritual -y en la misma fecha de sus decesos- para su transmutación.

"Es aleccionador saber que los mayas buscaban que el cuerpo de sus gobernantes se convirtiera en una fuerza viva, en algo que estimulara a su pueblo. Este vaso comunicante hacía renacer la vida, encarnada en el maíz, cuyo ciclo, entre cosecha y siembra, comprende 260 días, periodo ritual que cumplía el cadáver de los dignatarios en la 'cueva de la muerte'".

Juan Yadeun, arqueólogo

LA TUMBA EN EL TEMPLO DEL SOL

A poca distancia de la citada cripta, el equipo del arqueólogo Yadeun ubicó otro acceso independiente -de aproximadamente 80 por 80 centímetros– en el sector oriente del Templo del Sol.

Esta segunda tumba, dada la probabilidad de que allí también se hubieran alojado restos de gobernantes antiguos, aunque en este caso sin dejar rastros de cremaciones u otros rituales, debió ser saqueada entre los siglos 19 y 20.

Con 10 metros lineales de recorrido y una configuración igualmente laberíntica, esta tumba, la cual se ha fechado hacia el año 500 d.C., desemboca en una amplia cámara donde solo pudo reconocerse un vestigio: el fragmento de las fauces de un “monstruo de la tierra” -de 50 por 50 centímetros- de las que emerge una pequeña tortuga.

"Tales descubrimientos en Toniná brindan una idea más acertada de lo interesante y compleja que era la religión maya, dentro de la cosmovisión mesoamericana, y cómo el conocimiento de este proceso de transformación del cuerpo es fundamental para comprender a esta antigua sociedad, ya que lo planeado para sus señores, era el destino pensado para el pueblo mismo".

Juan Yadeun, arqueólogo

IMÁGENES: Mauricio Marat / Cortesía INAH