HIJA DE UN VICEPRESIDENTE

De una familia con un largo pasado político, la legisladora solía acompañar a su padre Dick Cheney, elegido congresista por Wyoming de 1979 a 1989, antes de convertirse en Secretario de Defensa de George H. W. Bush y más tarde en Vicepresidente de George W. Bush.

Licenciada en Derecho por la Universidad de Chicago, se incorporó al Banco International Finance Corporation antes de ocupar varios puestos en el Departamento de Estado, especialmente en Medio Oriente.

Está casada con Philip Perry, abogado de un famoso bufete de Washington, y tiene cinco hijos. En 2014 probó suerte por un escaño en el Senado y en 2016 ocupó el de su padre en la Cámara de Representantes.

Hasta que en junio, la congresista dijo a sus colegas conservadores que se exponían “a la deshonra” si siguen a ciegas a Trump en su cruzada contra las elecciones que afirma, sin pruebas, le robaron.

“Esta noche digo a mis colegas republicanos(…): llegará el día en el que Donald Trump se irá, pero su deshonra se quedará”, les soltó entonces.

LA DISPUTA CON TRUMP

Cheney se ha comprometido a hacer “lo que sea necesario” para evitar que Donald Trump vuelva a ser Presidente, cuando este parece cada día más cerca de anunciar una nueva candidatura para 2024.

Pero en su cruzada contra el nacionalismo exacerbado y la retórica populista que llevó al poder a Trump, Cheney está por ahora muy sola.

Año y medio después de ser derrotado en las urnas, Trump mantiene un control férreo sobre el Partido Republicano, que recientemente calificó las protestas del 6 de enero de “expresión política legítima” y sancionó a Cheney por participar en el comité del Congreso los hechos.

Solo otro republicano, el congresista Adam Kinzinger, que no se presenta a la reelección, aceptó formar parte de este comité. Sus compañeros se refieren a ambos con el apodo peyorativo de “RINOs” (“que de republicanos solo tienen el nombre”).

Cheney procede de una derecha tradicionalista y en el pasado militó en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo pese a tener una hermana lesbiana. Además no niega sus posiciones conservadoras, especialmente en el plano económico.

Pero para los partidarios de Trump, Cheney encarna a la élite de Washington denostada por el ex Presidente, que fustiga a los políticos de carrera con los que ya no se identifican.

He dicho desde el 6 de enero que haré lo que sea necesario para asegurar que Donald Trump no vuelva a estar cerca de la Oficina Oval, y lo digo en serio”.

Liz Cheney

PIERDE ANTE CANDIDATA DE TRUMP

Cheney fue derrotada el martes en las primarias del Partido Republicano en Wyoming por Harriet Hageman, una candidata respaldada por el ex Presidente Donald Trump. Trump había dado un impulso considerable a Hageman en el estado donde el ex Mandatario ganó por un margen muy amplio en 2020.

Los resultados de las primarias —y el margen de más de 35 puntos de su derrota— fueron un poderoso recordatorio del rápido cambio del Partido Republicano. 

Un partido dominado por conservadores orientados a la seguridad nacional y amigos de los negocios como su padre, el ex Vicepresidente Dick Cheney, ahora pertenece a Trump, animado por su atractivo populista y, sobre todo, por negar haber sido derrotado en las elecciones de 2020.

No importó que Cheney fuera abiertamente antiaborto o en favor del derecho a las armas, ni su parentezco con el ex Vicepresidente.

“Hace dos años gané esta primaria con 73 por ciento de los votos. Habría podido fácilmente volver a hacer lo mismo”, estimó Cheney.

Pero eso (ganar) habría exigido que respalde la mentira del Presidente Trump acerca de las elecciones de 2020. Era un camino que no podía ni quería tomar"

Liz Cheney

EL FIN DE UNA ERA EN EL PARTIDO REPUBLICANO

Aunque ya no está en el poder, ni ocupa algún cargo público, Trump está purgando el Partido Republicano, deshaciéndose de disidentes como Cheney y otros que se atreven a desafiarlo, con lo que ha cambiado el panorama republicano de costa a costa, así como la composición del Congreso.

Incluyendo a Cheney, de los 10 republicanos de la Cámara de Representantes que votaron para imputar a Trump por incitar la insurrección del 6 de enero de 2021, solo dos siguen siendo candidatos a la reelección.

 Los otros dejaron sus candidaturas o, como Cheney, han sido derrotados por aspirantes respaldados por Trump.

Durante las Presidencias de los Bush, la dinastía Cheney, identificada con el ala de línea dura, formó una piedra angular del Partido Republicano en la era posterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando el grupo prosperó como un partido comprometido con las ideas de un Gobierno pequeño, impuestos bajos y una amplia política exterior.

Al ser elegida por los republicanos para el mismo puesto que ocupó su padre, Liz Cheney, como la tercera republicana de mayor rango en la Cámara de Representantes, nunca vaciló.

Pero el ataque al Capitolio del 6 de enero de 2021 cambió todo eso. Cheney fue inequívoca y culpó del ataque al Presidente derrotado y sus falsas afirmaciones de fraude electoral y elecciones amañadas.

Trump “convocó a esta turba, reunió a la turba y encendió la llama de este ataque”, dijo en ese momento, al anunciar su voto a favor del juicio político.

BUSCARÍA LA PRESIDENCIA

Tras reconocer su derrota, Cheney dijo el miércoles en el programa “Today” de la NBC que “hará lo que sea necesario para mantener a Donald Trump fuera del Despacho Oval” y que evalúa postularse a la Presidencia.

“Es algo en lo que estoy pensando y tomaré una decisión en los próximos meses”, dijo a “Today” al ser cuestionada por una candidatura, añadiendo que le queda mucho trabajo por hacer con el comité que investiga el asalto al Capitolio.

“Creo que Donald Trump sigue representando una amenaza y un riesgo muy graves para nuestra república”, dijo.

"Derrotarlo (a Trump) va a requerir un frente amplio y unido de republicanos, demócratas e independientes. Y de eso pretendo formar parte".

Liz Cheney