MÁS Y MÁS CIVILES CON ARMAS

Elitusalem Gomes Freitas se regocija con el aroma de la pólvora quemada: con una carabina calibre 40, acertó al blanco en un club de tiro de Rio de Janeiro, uno de los tantos que florecieron en Brasil durante el Gobierno de Jair Bolsonaro.

Luciendo una calavera y el nombre “Bolsonaro” en su camiseta, este ex policía reitera una de las máximas del Presidente proarmas: “Un pueblo armado jamás será esclavizado”.

Con sus decretos que facilitaron su acceso, el ultraderechista hizo saltar el registro de Cazadores, Tiradores deportivos y Coleccionadores (CACs, en portugués) y ahora éstos ya superan en número a los efectivos de la Policía ostensiva.

0
registros de CACs había antes de Bolsonaro
A 0
llegó el registro de CACs
0
miembros de Policía ostensiva hay, contraste.

ARMAS DEJARÁN 'HERENCIA MALDITA'

Bruno Langeani, autor del libro “Arma de fuego en Brasil: gatillo de la violencia”, explica que en el país “hoy en día un civil puede comprar armas más potentes que las de la propia Policía”.

“Y para los Cazadores, Tiradores deportivos y Coleccionadores los privilegios son aun mayores: en algunos casos se liberó la compra de hasta 60 armas por persona y 30 pueden ser fusiles de asalto“, detalla.

Según la ONG Foro Brasileño de Seguridad Pública, en Brasil, un país de 212 millones de habitantes, hay:

0
armas en manos privadas.
0
de ellas están con registro vencido.

Estos datos incluyen las de los CACs, armas en domicilio para defensa personal y otras categorías como funcionarios públicos, empresarios, o armas de uso particular de miembros de las fuerzas de seguridad.

En contraste del número general de homicidios, que en 2021 se redujo 13 por ciento, los asesinatos con pistolas y revólveres aumentaron 24 por ciento el año pasado, según datos del Ministerio de Salud.

Mientras los expertos vinculan ese aumento a una mayor circulación de armas, el Gobierno sostiene que faltan datos para establecer esa relación.

Langeani, que también es miembro de la ONG especializada en seguridad Instituto Sou da Paz, advierte del “riesgo” de que esas armas acaben en manos de las milicias y del narcotráfico, como mostró recientemente el caso de un coleccionador preso en Rio con 60 armas adquiridas legalmente, destinadas a la poderosa banda criminal Comando Vermelho.

Generamos un stock que será una herencia maldita para las próximas generaciones".

Bruno Langeani, experto en seguridad.

SE EXPANDEN CLUBES DE TIRO

Desde que Bolsonaro llegó al poder en 2019, en Brasil se han inaugurado unos mil clubes de tiro hasta mayo pasado, según datos del Ejército citados por el portal UOL.

“Cuando el Gobierno facilitó el acceso a las armas, me dije que teníamos que acompañar eso”, dijo el ex policía federal Marcelo Costa, presidente del club Mil Armas, inaugurado hace cuatro años en Nova Iguaçú, región metropolitana de Rio.

El recinto, al que se accede por una antesala donde está prohibido manipular armas, tiene estrictas normas de seguridad.

Costa dirige el establecimiento junto a sus dos hijos veinteañeros, que también practican tiro. Su esposa es una psicóloga habilitada por las autoridades para evaluar a los novatos.

Los socios cuentan además con instructores y asesoría jurídica para obtener su licencia. Y pueden usar las armas del club o comprar las suyas.

“Es como un shopping, tenemos de todo”, resume Costa, orgulloso de vender armas “hasta en 12 cuotas sin intereses” a quien no puede pagarlas al contado: Cuestan entre 950 y 3 mil 800 dólares.

ECOS DE TRUMP EN BOLSONARO

Para el ex policía Gomes Freitas, tener armas es un asunto de libertad individual y de soberanía nacional. Habla mientras dispara y perfora con sus municiones una silueta blanca de papel, suspendida delante de una pared de troncos de eucalipto que amortiguan los tiros en el club Mil Armas.

“No se trata de armar a todo el mundo, sino de permitir al buen ciudadano capacitarse y acceder a un arma de fuego”, afirma.

Haciéndose eco de las insinuaciones de Bolsonaro de que fuerzas opositoras infiltradas en el Tribunal Superior Electoral (TSE) podrían cometer fraude en la elección en octubre, Gomes Freitas se dice dispuesto a pasar a la acción.

“No puedo admitir que media docena de personas elijan el destino de la nación, contrariando lo que el pueblo votó. Las armas son para garantizar también esa libertad, esa defensa de la soberanía nacional frente al enemigo interno”.

Aunque cree que este es un discurso minoritario, Langeani sostiene que “incluso una minoría radicalizada puede causar un daño muy grande”, como ocurrió durante la invasión al Capitolio de Estados Unidos.