UNA MANIOBRA POLÍTICA

Los vuelos del mes pasado, que transportaron a 48 migrantes, atrajeron la atención internacional y provocaron la condena de los demócratas, así como varias demandas. 

Inmediatamente, DeSantis se atribuyó el mérito de lo que aparentaba ser una mera maniobra política: arrojar a decenas de solicitantes de asilo a localidades demócratas que se han resistido a los llamados para tomar medidas más drásticas contra la migración.

Las autoridades de Florida han dado poca información sobre el programa. No obstante, ya han empezado a surgir detalles de la misión clandestina que se llevó a cabo sin el conocimiento del Gobernador de Texas, Greg Abbott, un colega republicano: vuelos pagados con dinero estatal en posible violación de la ley que asignó el dinero y una compañía de vuelos privados que tiene vínculos con DeSantis.

Y, en medio de todo eso, también había una mujer con experiencia en contrainteligencia militar que, según los investigadores, fue enviada a Texas desde Tampa, Florida, para llenar los aviones.

PERLA, LA OPERADORA DE DESANTIS

Hasta ahora, se sabía poco de esta mujer que, según los migrantes, se identificó solamente por su nombre, Perla, cuando pedía a los solicitantes unirse a los vuelos.

Una persona con conocimiento de la investigación que realiza la Oficina del Sheriff de San Antonio le dijo a The New York Times que el nombre de la mujer relacionada con la operación es Perla Huerta.

Huerta, una ex médico de combate y agente de contrainteligencia, fue dada de baja en agosto pasado después de dos décadas en el Ejército de Estados Unidos que incluyeron despliegues en Irak y Afganistán, según registros militares. No fue posible contactar a Huerta.

Un hombre que dijo haber trabajado con ella para inscribir a migrantes accedió a hablar bajo condición de anonimato debido a que se están investigando los hechos. Detalló que conoció a Huerta el 10 de septiembre afuera del Centro de Recursos para Migrantes en San Antonio.

La mujer le pidió que le ayudara a reclutar a otros migrantes de Venezuela como él. Sin embargo, dijo que se sintió traicionado porque Huerta nunca le dijo que trabajaba para el Gobierno de Florida. Todo lo que le dijeron, agregó, fue que “ella quería ayudar a la gente a ir al norte”.

A mí también me mintieron. Si lo hubiera sabido, no me habría involucrado”.

LOS COSTOS DEL PLAN

El plan para llevar a los migrantes a Martha’s Vineyard parecía estar menos organizado que el amplio programa creado por Texas y que ha enviado a más de 11 mil solicitantes de asilo desde su estado a tres ciudades del norte lideradas por demócratas: Washington, Nueva York y Chicago. 

Pero el objetivo de ambos Gobernadores era el mismo: llamar la atención sobre la gran cantidad de migrantes indocumentados que llegan diariamente a la frontera sur y obligar a los demócratas a tratar con los solicitantes de asilo que afirman desear acoger.

En el caso de los vuelos a Martha’s Vineyard, los registros del estado de Florida muestran que se le pagaron 615 mil dólares a Vertol Systems, una compañía de vuelos chárter, el 8 de septiembre. Menos de dos semanas después se le pagaron 950 mil dólares. El primer pago fue para el “proyecto 1” y el segundo pago para los “proyectos dos y tres”. Hasta ahora, Florida solo ha reconocido los vuelos iniciales y no ha hablado de planes para otros.

El dinero para transportar a los migrantes provino de una asignación especial de 12 millones de dólares en el último presupuesto del estado, una partida breve que otorgó fondos al Departamento de Transporte del estado para crear un programa “para facilitar el transporte de extranjeros no autorizados de este estado”.

El programa fue concebido como un medio para que Florida reduzca la cantidad de inmigrantes indocumentados que el Gobierno federal lleva al estado. En agosto, DeSantis dijo que los fondos aún no se habían utilizado porque no se habían presentado grandes grupos de migrantes en Florida.

Entonces, el Gobernador enfocó su mirada al estado al que llegan la mayoría de solicitantes de asilo: Texas.

No se han hecho públicos contratos estatales que detallen los gastos, y la Administración DeSantis ha dicho poco sobre el papel que desempeñaron los funcionarios estatales de transporte en la organización o coordinación de los vuelos.

ASÍ OPERÓ EL ENGAÑO A MIGRANTES

Decenas de migrantes contaron en entrevistas con abogados y periodistas la historia de cómo fueron reclutados para los vuelos. Después de llegar a Martha’s Vineyard, coinciden las narraciones, quedaron desconcertados al darse cuenta de que era una remota isla turística con pocos recursos.

Una mujer llamada Perla, dijo la mayoría, se les había acercado en San Antonio para ofrecerles un vuelo gratis a Massachusetts. Ahí había trabajo y gente para ayudarlos, les dijeron.

Antes de los vuelos, la mujer proporcionó a los migrantes, que en su mayoría vivían en la calle, un lugar para quedarse en un hotel La Quinta Inn cercano, así como comidas gratis en McDonald’s.

Cada uno de los migrantes recibió una carpeta roja que contenía un mapa de Estados Unidos, con una flecha que se extendía desde Texas hasta Massachusetts. Otro mapa con la forma de Martha’s Vineyard tenía un punto para el aeropuerto y otro para el centro de servicios comunitarios.

Los hombres, mujeres y niños que se inscribieron volaron desde San Antonio y aterrizaron primero en Crestview, Florida. Los migrantes no bajaron del avión. A partir de ahí, el vuelo se detuvo nuevamente en Carolina del Sur antes de llegar a su destino final en Martha’s Vineyard el 14 de septiembre.

Ahí, dijeron varios migrantes en entrevistas, los llevaron en camionetas que los estaban esperando y los bajaron cerca de un centro comunitario, donde les dijeron que tocaran la puerta. La mujer que respondió no tenía idea de quiénes eran y no hablaba español.

'ESA MUJER NOS MINTIÓ'

Beth Folcarelli, directora ejecutiva de Servicios Comunitarios de Martha’s Vineyard, el centro adonde llegaron los migrantes, dijo que estaba en su oficina hablando con un miembro superior del personal alrededor de las 15:45 horas cuando vieron a un grupo de personas caminando en dirección a la organización sin fines de lucro.

Folcarelli salió a preguntar qué necesitaban. Todo lo que entendió fueron las palabras “Venezuela” y “refugiados”, por lo que se apresuró a entrar en busca de ayuda de un gerente llamado Geany Rolanti, que habla español.

Finalmente, las 48 personas de los vuelos, incluidos varios niños, fueron reunidos en el estacionamiento de la organización.

La mayoría de ellos terminaron en una base militar en en Cape Cod, durmiendo en cuarteles en desuso. Pero pocos tenían idea de qué pasaría con ellos en el futuro.

Los miembros del personal del centro comunitario en Martha’s Vineyard hicieron arreglos para que un migrante llamado Pablo hiciera una llamada a Venezuela, dijo Rolanti. Parecía estar quebrado.

“Amor, nos engañaron”, le dijo a su esposa, llorando desconsoladamente. “Esta mujer nos mintió, mintió”.