'QUIERO SER PILOTO DE LA FUERZA AÉREA'

Los ojos de Danyk se llenan de lágrimas cuando su madre, Luda, recuerda que la sacaron de entre los escombros, cubierta de sangre, después de que la metralla atravesara su cuerpo y le destrozara el pie derecho.

Veintidós semanas después de haber sido herida, todavía está esperando que le amputen el pie y le coloquen una prótesis. Mantiene la pieza de metralla que los cirujanos extrajeron durante una de sus muchas operaciones.

Danyk vive con su madre y su abuela en una casa cerca de Chernihiv, una ciudad a 140 kilómetros al norte de Kiev, donde un trozo de lona cubre las ventanas rotas del dormitorio.

Vende la leche de la vaca de la familia. Un letrero escrito a mano envuelto en plástico transparente en la puerta de entrada dice: “Compre leche para ayudar a mi madre que está herida”.

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soldados ucranianos han muerto desde el inicio de la guerra, informó Kiev.

“Mi mamá necesita cirugía y por eso tengo que ayudarla. También tengo que ayudar a mi abuela porque tiene problemas cardíacos”, dijo Danyk.

Antes de que las escuelas vuelvan a abrir el 1 de septiembre, Danyk y su abuela se unieron a los voluntarios varios días a la semana para limpiar los escombros de los edificios dañados y destruidos por el bombardeo ruso en las afueras de Chernihiv. En el camino, se detiene en su antigua casa, la mayor parte destruida hasta los cimientos.

“Esta era mi habitación”, aseguró de pie junto a los resortes de colchón quemados que sobresalen de los escombros de ladrillos y yeso.

Danyk aseveró que su padre y su padrastro luchan en el Ejército ucraniano.

“Mi padre es soldado, mis tíos son soldados y mi abuelo también fue soldado. Mi padrastro es militar y yo lo seré”, externó con mirada decidida.“Quiero ser piloto de la fuerza aérea”.

'ESTE PUENTE ERA EL CAMINO DEL INFIERNO'

Antes de la retirada rusa de Kiev y sus alrededores el 2 de abril, los suburbios y pueblos cercanos al aeropuerto de la ciudad fueron atacados con cohetes, fuego de artillería y bombardeos aéreos en un esfuerzo por romper las defensas ucranianas.

Bloques de apartamentos enteros de la ciudad quedaron ennegrecidos por el bombardeo en Irpin, a solo 20 kilómetros al noroeste de la capital, a lo largo de una ruta donde el teniente de Policía Ruslan Huseinov patrullaba diariamente.

Algunas de las escenas más dramáticas de las primeras etapas de la guerra fueron la evacuación de Irpin debajo de un puente de carretera destruido, donde miles escaparon de los implacables ataques.

Huseinov estuvo allí durante 16 días, organizando cruces en los que los ancianos eran transportados en carretillas por caminos lodosos.

“Este puente era el camino del infierno”, aseguró Huseinov, de 34 años.

“Sacamos a la gente de (Irpin) porque las condiciones eran terribles, con bombardeos y bombardeos”, comentó.

“La gente estaba realmente asustada porque muchos perdieron a sus hijos, miembros de su familia, sus hermanos y hermanas”.

'ANTES DE LA GUERRA, ERA OTRA VIDA'

El piso de la Iglesia de Andrew the Apostle ha sido revestido con azulejos y los agujeros de bala en las paredes han sido revocados y repintados, pero el horror de lo que sucedió en marzo se encuentra a solo unos metros de distancia.

La fosa común más grande de Bucha, una ciudad en las afueras de Kiev que se ha convertido en sinónimo de la brutalidad del ataque ruso, está detrás de la iglesia.

“Esta tumba contenía 116 personas, incluidas 30 mujeres y dos niños”, señaló el padre Andriy, quien ha llevado a cabo múltiples servicios de entierro para civiles encontrados muertos por disparos o bombardeos, algunos todavía identificados solo como un número.

Muchos de los cuerpos fueron encontrados antes de que los rusos se retiraran de la región de Kiev, dijo el padre Andriy.

No podíamos enterrar a la gente en el cementerio porque está en las afueras de la ciudad. Dejaron gente, gente muerta, tirada en la calle. Los muertos fueron encontrados aún en sus autos. Intentaban irse, pero los rusos los bombardearon”.

Padre Andriy, de la Iglesia de Andrew the Apostle
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civiles han muerto, según la ONU.

“Esa situación duró dos semanas y las autoridades locales comenzaron a encontrar soluciones (para ayudar) a familiares y seres queridos. Hacía mal tiempo y los animales salvajes estaban descubriendo los cuerpos. Así que había que hacer algo”.

Decidió llevar a cabo los servicios de entierro en el patio de la iglesia, muchos al lado de donde se habían descubierto los cuerpos.

La experiencia, dijo, ha dejado muy conmocionados a los habitantes del pueblo.

“Creo que ni yo ni nadie que vive en Ucrania, que fue testigo de la guerra, puede entender por qué sucedió esto”, lamentó. “Antes de la guerra, era otra vida”.