Un estudio publicado en Royal Society Open Science en agosto pasado arrojó que entre más tiempo transcurre sin poder tocar a las personas que queremos, en particular los familiares, aumenta el ansia del contacto.

Las autoras del estudio Mariana von Mohr, ex alumna de la Universidad Iberoamericana, y Louise P. Kirsch encontraron que estar privados del contacto durante el confinamiento está asociado con mayor ansiedad y sentimiento de soledad.

Esto está relacionado con el apego, cuando estamos apegados a una persona básicamente se liberan, entre otras sustancias serotonina, dopamina, endorfinas y oxitocinas, los principales moduladores y neurotransmisores que juegan un papel importante.

Dr. Mario Buenrostro, director del Laboratorio de Neurociencias de la UIA

¿Y POR QUÉ PASA ESO?

La ansiedad aumenta conforme el apego hacia las personas: a menor cercanía, mayor ansiedad. De modo que podemos sentir ansiedad por no ver a los amigos, pero es mucho más alta cuando no podemos estar cerca de nuestros seres queridos.

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El estilo de las personas influye en el desarrollo de mayor o menor ansiedad: Quienes gustan del contacto físico, y lo procuran, experimentan mayor necesidad de abrazar.

Es algo similar a cuando dejas una adicción por lo que sea: el celular, un videojuego o redes sociales. El cerebro necesita esta actividad (el contacto físico).

Dr. Mario Buenrostro, director del Laboratorio de Neurociencias de la UIA

CIENTÍFICAMENTE COMPROBADO

Un estudio elaborado por Patricia Thomas y Seoyoun Kim de la Universidad de Purdue confirmó los beneficios del contacto físico sobre la salud.

-Presión sanguínea más baja

-Disminución de la frecuencia cardiaca

-Aumento de los niveles de oxitocina (conocida como la hormona del amor)

-Mejora el sueño

ABRAZOS QUE ALIVIAN

Otro de los beneficios del contacto físico es su capacidad para disminuir el estrés, de ahí su importancia en un momento tan estresante como el que se vive por la pandemia y ha limitado la interacción social y desaconsejado la cercanía.   

-Las investigadoras de la Universidad de Purdue se enfocaron en explorar el vínculo del contacto físico con la inflamación, dado que la inflamación a largo plazo tiene importantes implicaciones para enfermedades y deficiencias relacionadas con la edad.

-Se tomaron muestras de sangre de población adulta para medir la proteína C-reactiva, un indicador de estado crónico inflamatorio si se registran niveles altos. 

-Encontraron que el contacto físico más frecuente -como abrazar, besar o saludar con una palmada en la espalda- por parte de la pareja, familia, amigos o vecinos se relaciona con una menor probabilidad de inflamación crónica después de cinco años, lo que sugiere el impacto a largo plazo del contacto físico para la salud. 

-Estos hallazgos apuntan a la importancia de encontrar formas seguras de incorporar el contacto físico tras la pandemia. 

-El Doctor Mario Buenrostro explica que las autoridades mundiales se encuentran en una encrucijada: por un lado se recomienda el distanciamiento social, pero por el otro, el equilibrio de la salud mental puede verse alterado.

Se tienen que encontrar formas seguras de tocar a las personas que queremos.

Dr. Mario Buenrostro, director del Laboratorio de Neurociencias de la UIA