Al estilo de la película de 1952 nominada al Oscar, ‘The Snows of Kilimanjaro’, Juan Pablo Cuesta, Roberto Gibbons, Andrew Falasco y José Carlos Rivera ascendieron a la cumbre nevada de la montaña más alta del Continente Africano.

Lo que comenzó durante su adolescencia como una pasión por conocer destinos extraordinarios y salir de su zona de confort mediante los deportes extremos, Andrew Falasco lo convirtió en su profesión.

Este gusto por la aventura y la naturaleza es herencia de sus padres: ella, de origen inglés, y él, italiana, quienes fueron cautivados por México, su nuevo hogar cuando Andrew tenía 4 años de edad.

Desde hace cinco años, Andrew y Roberto son amigos y decidieron crear juntos la empresa de excursiones internacionales Adventures Done Right.

"Ascender el Kilimanjaro fue una recompensa intrínseca alimentada por un gran compañerismo”.

Roberto Gibbons
La travesía también incluyó dos safaris: primero, al cráter de Ngorongoro y, después, al Parque Nacional de Tarangire, en donde observaron a los cinco animales africanos conocidos como “Big Five”: leones, búfalos, rinocerontes, leopardos y elefantes.

"Fue un abrir de ojos y una travesía que te nutre el alma. Viajar a otro continente es una experiencia única, tanto por la parte natural como cultural; la gente en Tanzania es muy amable".

Andrew Falasco
Luego de siete días, los viajeros mexicanos llegaron a la cumbre del Kilimanjaro justo al amanecer, desde donde admiraron el paisaje por una hora, inmersos en una temperatura de -5 grados centígrados.

“De chico fui muy inquieto, recorrí con mis papás todo el País en coche, siempre me gustó explorar, acampar, hacer senderismo y varias disciplinas físicas”, dijo el nacido en Inglaterra.

Sin embargo, la experiencia que cambió su perspectiva de vida fue un campamento de supervivencia que realizó con un amigo mexicano en el norte de Escocia, cuando tenía 15 años.

“Fue el detonador, impulsó mucho mi gusto por las hazañas, puse a prueba mi paciencia y resiliencia a través de lo extremo; impulsados por ex militares, durante dos semanas estuvimos al límite”, recordó el empresario de 43 años.

“Nos levantábamos a las 5:30 de la mañana a nadar en agua fría, escalamos montañas y sobrevivimos en una isla desierta, nos aventaron de un barco, nadamos a la orilla y nos quedamos ahí por tres días”.

El grupo de 11 connacionales convivió un día completo con la comunidad Masai Mara; una de las cosas que más les llamó la atención fue el buen manejo del idioma inglés por parte de los niños.

Luego de terminar la preparatoria en México, estudió Hotelería y Administración de Empresas en Les Roches Global Hospitality Education, en Suiza.

“Ahí tenía la oportunidad de hacer mucho hiking, luego comencé a trabajar en Hong Kong, Alemania, España y Nueva York, eso me alejó de la aventura, pero en vacaciones me iba a algún lugar natural”, platicó.

Después de estar por 12 años fuera de México, hace una década regresó a la Ciudad para continuar con lo que más le gusta, ahora con el apoyo de su pareja, Nunzia Rojo de la Vega, y el cariño de sus hijos, Emiliano y Nicolás.

La última parada de la ruta Lemosho para llegar a la cima es Barafu Camp. Desde ahí, los aventureros caminaron durante la noche cerca de siete horas para lograr su cometido.

A través de su firma Adventures Done Right, la cual creó poco antes de la pandemia junto a Roberto Gibbons, llevó a nueve aventureros a ascender la montaña más alta de África, el Kilimanjaro.

Durante siete días y a través de la ruta Lemosho, la comitiva nacional subió poco a poco el volcán que se eleva a 5 mil 895 metros.

“Comenzamos a los 2 mil metros, es un trayecto muy largo, pero sirve para aclimatarnos pues cada día llegas a un campamento, diario caminamos entre cinco y ocho horas”, explicó Falasco.

“El último día comenzamos a las 11 de la noche, caminamos a la cima siete horas, llegamos justo al amanecer, nos tocó muy buen clima, fue una maravilla”.

Uno de los momentos más impactantes de todo el viaje fue cuando un elefante macho les bloqueó el paso y tuvieron que mantenerse quietos durante 15 minutos para evitar que los agrediera.
Luego del susto, Andrew no dudó en sacarse una selfie con el mamífero, éste ya a varios metros de distancia.

"Mis hijos todavía están chiquitos, Emiliano tiene casi 5 y Nicolás casi 3, los extraño mucho cuando salgo de viaje, pero pronto me los llevaré; por el momento, les comparto fotos y videos, se aprenden los nombres y los identifican en el mapa".

Posteriormente se fueron de safari al cráter de Ngorongoro, en donde observaron a la fauna salvaje beber del lago, después, a un par de horas encontraron el Parque Nacional de Tarangire, ahí convivieron con los nativos y así terminó la travesía de 12 días en Tanzania.