Refugio para aprender

CENTRO CULTURAL OTOMÍ


Ubicado en una zona urbana irregular, el Centro Comunitario Intercultural Otomí es un lugar donde se teje la esperanza de las familias de esta etnia que han llegado a Monterrey en busca de una vida mejor. Ahí las mujeres tienen un lugar para dar formar a sus coloridas muñecas artesanales, y los niños para tomar un instrumento musical, y cantarle a la paz y a sus tradiciones.

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Se ubica en un pequeño salón que hace 20 años fue un jardín de niños. Con el crecimiento de la comunidad y la construcción de una escuela más grande, quedó en el abandono. Hasta hace algunos años colectivos y asociaciones comenzaron a rescatarlo.
Fomento Educativo Intercultural, A.C., comenzó a trabajar con mujeres y niños de esta comunidad y busca que el Municipio de Monterrey otorgue en comodato el salón al comité de vecinos que trabaja para mantenerlo a flote.
Y es que el Centro Comunitario es referencia en este lugar donde las viviendas en obra gris parecen trepar un cerro donde confluyen tres colonias: la Genaro Vázquez, Lomas Modelo Norte y Lomas de la Unidad Modelo.
Antes de la pandemia se realizaban ahí talleres educativos y culturales, brigadas sociales, asesoría jurídica y eventos comunitarios.
Durante la pandemia, los esfuerzos se encaminaron a gestionar ayuda económica urgente para las familias, pues muchas se quedaron sin trabajo. La mayoría de los hombres se dedica a la construcción y las mujeres en el empleo del hogar o a la venta de sus artesanías.
Una vez atendida esta necesidad, se enfocaron en que los niños pudieran conectarse a sus clases. Consiguieron donantes de equipos de cómputo para realizar las actividades a distancia y útiles escolares difíciles de comprar cuando el ingreso económico de las familias es inestable.
En el último mes, ya con actividades presenciales, se comenzó a dar a unos 40 niños un taller de arteterapia, como parte de un proyecto de servicio social de estudiantes del Tec de Monterrey.
“El taller es de dibujo y pintura, con el objetivo de que los chiquitines, a través del arte aprendan a manejar mejor sus emociones”, contó Francisco Zamora, integrante de Fomento Educativo.
Y es que las familias se enfrentan a un contexto difícil: hay problemas de adicciones en los jóvenes, inseguridad, violencia; falta pavimentación y luminaria.
Frente a estas adversidades y con el trabajo con la asociación civil, esta comunidad otomí se empodera, y sus niños tienen un lugar para crecer y seguir aprendiendo.

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