Adiós a un líder: Juan José Leaño Álvarez del Castillo (q.e.p.d.) / Foto de Archivo

El 21 de enero, una semana después de haber cumplido 97 años de edad, Juan José Leaño Álvarez del Castillo, conocido entre sus allegados como “El Inge” o “Maestro”, falleció rodeado de sus seres queridos y asistido por los sacramentos y la bendición apostólica de la Iglesia católica.
Este tapatío fue presidente de la Federación Mexicana de Futbol (FMF) de 1994 a 1998, pero no solo en el ámbito deportivo dejó huella: a lo largo de varias décadas también destacó en rubros como el empresarial, el educativo y el inmobiliario.

Juan José tenía alrededor de 3 años de edad cuando le tomaron esta foto. Su familia todavía conserva este traje. / Foto de Cortesía

Nació el 14 de enero de 1925, hijo de doña Juana Álvarez del Castillo (q.e.p.d.) y del Ing. Nicolás Leaño Vélez (q.e.p.d.), y el 24 de octubre de 1959 se casó con Martha Espinosa Gutiérrez, con quien forjó una familia compuesta por 10 hijos, 47 nietos y 15 bisnietos.
Sus hijos coinciden en que su madre fue una compañera amorosa e incondicional para su padre a lo largo de toda una vida que estuvo llena de trabajo y sacrificios, pero también de alegrías y satisfacciones fincadas en su amor.
Ellos continúan describiendo a su padre como una persona justa que fue reconocida y apreciada por su carácter afable, alegre y bondadoso, y también por ser un amigo incondicional que en todos los actos de su vida procuró la rectitud y el ejercicio de la caridad.
“Vivió como un hombre congruente y comprometido con Dios, patria y familia”, afirma Adriana Leaño, una de sus hijas.

Con el amor de su vida, Martha Espinosa Gutiérrez / Foto de Cortesía

Abuelo incondicional

Juan José Leaño Padilla, nieto de “El Inge”, tenía un vínculo especial con su abuelito, no solo por llevar el mismo nombre, sino también porque era su ahijado.
“Fue un gran amigo”, recuerda este joven, “y sobre todo, un gran amante de su País. Antes que cualquier otra cosa, siempre buscó defenderlo, y a la religión”.
Como parte de ese amor a la patria, “El Inge” promovió desarrollos urbanos y agrícolas, y contribuyó especialmente en el auge del Valle de Tecomán, en Colima, lugar que se convirtió en la capital mundial del limón.
Fue en ese sitio que Juan José acumuló varias anécdotas con su abuelo, como la que comparte a continuación.
“Estábamos muy jóvenes”, rememora, “y mi abuelo nos molestaba de que éramos flojos, y que en Tecomán se forjaban los hombres. Así que nos fuimos una semana yo y unos primos a los 10 años a Tecomán a trabajar, y no aguantamos ni 2 horas.
“Pero admiramos mucho la manera en la que mi abuelo estaba apasionado por Tecomán, y por lo que construía ahí, y por su gente. Y ahí entendimos cómo las cosas se habían formado en esta familia, siempre con trabajo duro y trabajo honesto”.

Tres generaciones con el mismo nombre: Juan José Leaño Espinosa, Juan José Leaño Padilla y Juan José Leaño Álvarez del Castillo / Foto de Cortesía

Óscar Navarro Leaño, otro nieto de “El Inge”, recuerda a su abuelo como una persona carismática y amigable que nunca dejó de sacarle una carcajada a quienes lo rodeaban.
Confiesa que añora muchas cosas de él, como los desayunos en el Country Club, los viernes o domingos de jugar dominó en su casa, sus discursos y enseñanzas, y su voz.
“Pero más que nada, voy a extrañar ver a mi abuela Maty y a él juntos”, dice Óscar, a la vez que recuerda aquellas veces en las que tanto él como todos sus primos estaban encima de su abuelo.
“Fue un señorón como esposo, padre, abuelo, amigo y maestro. Él hacía las cosas bien en todos los sentidos hablando de familia, trabajo y temas sociales. Estoy seguro que siempre buscaba lo mejor para su gente y su País”.
Una anécdota memorable que este joven atesora fue la vez en que le enseñó a su abuelo a usar Google Earth.
“Duramos 3 horas en la computadora”, comparte Óscar, “paseando, seleccionando, nombrando tierras por todo Tecomán y Guadalajara. Tenía una capacidad de asombro increíble. El ‘¡qué maravilla!’ era parte de su día a día”.
Óscar concluye diciendo que se le hace muy bonito escuchar historias de otras personas sobre sus vivencias con el “El Inge”, aún si varias acaban en lágrimas de emoción, pues realmente fue una persona excepcional.

Orgulloso de su nieto, Óscar Navarro Leaño / Foto de Cortesía

Un líder ejemplar

El Arq. Juan Ángel Leaño Aceves, sobrino de “El Inge”, afirma que de él extrañará especialmente su honestidad, su coherencia y su importante sentido de valores transcendentales.
“Pero yo quisiera comentar lo que me parece más relevante de él, que fue su estilo de liderazgo”, afirma Juan Ángel. “Se lo conocí a los 8 años, cuando lo visité en las plantaciones de Tecomán en donde él manejaba, y tenía un estilo muy firme, pero muy amable, jovial y simpático, pues en donde quiera dejaba amigos, y yo creo que esa fue una de sus características principales.
“Luego me acuerdo que trabajaba desde muy temprano en las mañanas. Era muy laborioso, y a mí me causó la impresión de que era una persona muy trabajadora, muy energética, alguien enamorado intensamente de su trabajo”.
Varios años después, Juan Ángel tuvo la oportunidad de laborar junto a su tío en la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), donde “El Inge” fue su jefe en la oficina de Supervisión, cuando se estaba construyendo Ciudad Universitaria.
Su estilo de mando continuaba siendo muy agradable, pues a pesar de que podía ser muy exigente y estricto, era un camarada para los ingenieros y arquitectos que trabajaban con él.
Juan Ángel agrega que hasta los amigos del Country Club de “El Inge” disfrutaban enormemente de su liderazgo, pues solía organizarlos para distintas actividades, tanto deportivas como recreativas.
Esta habilidad para dirigir fue reconocida a nivel nacional cuando “El Inge” fue presidente de la FMF.
“Dejó una huella verdaderamente imborrable en todos los presidentes”, afirma Juan Ángel. “Era un gremio muy difícil, pero me acuerdo completamente en alguna ocasión que vino un grupo de la Federación Alemana de Futbol (DFB), y a pesar de que mi tío no hablaba alemán y solo hablaba un inglés medio machucado, los alemanes verdaderamente lo idolatraban.
“Tenían casi 2 metros de altura, y ‘El Inge’ medía un metro 70 centímetros escasamente, pero era tan simpático que dijo que se iba a poner a la altura de los alemanes, por lo que se subió a una silla y se tomó fotos con ellos. Se los ganó, se los echó en la bolsa”.
Fue precisamente la Federación Alemana la que le otorgó el Golden Award a “El Inge”, por sus méritos como promotor del balompié.

Con Juan Ángel y Sergio Leaño Aceves; la imagen fue captada en 2011, en Andares. / Foto de Cortesía

Un tío muy querido

Becky Jarero, sobrina de “El Inge”, lo describe como alguien muy generoso, protector y alegre, que siempre compartía, escuchaba y se interesaba por otros: un hombre que siempre estaba dispuesto a ayudar.
“Ponía su ser y su haber al servicio de los demás”, expresa Becky. “Es inolvidable. Sé que esto y más dirían de él cualquiera de mis hermanos y de mis primos de Tecomán”.
Becky explica que su relación con “El Inge” surgió de un cariño que heredó de sus padres, y que fue cultivado en el Valle de Tecomán, a donde los Leaño llegaron hace décadas como pioneros junto a los Jarero, los Vázquez Cuéllar, los Ochoa, los Arámbula y los Balleza, entre otros.
“Mi tío trascendió en todo lo que emprendió y realizó en su vida”, comparte Becky. “En la tierra, en la educación, en el deporte con su pasión por el futbol, y en la Fundación Educación y Salud de Tecomán.
“Trascendió en sus amigos y en su hermosa y numerosa familia, quienes tienen un ejemplo y una inspiración en él. Y también trascendió profundamente en mi tía Maty, el amor de su vida”.
Cuando se le pregunta a Becky cuáles son las anécdotas imborrables que tiene con “El Inge”, compartió dos que estaban muy presentes en su mente.
La primera sucedió hace unos 45 años, cuando su padre, Rodolfo Jarero; su hermano, Juan Jarero; su primo, Juan José Leaño Espinosa, y otros de sus primos, salieron de pesca en La Pioja, una lancha pequeña, siguiendo la ruta Manzanillo – San Juan de Alima.
Horas después de su partida, Becky y su familia estaban muy preocupados porque no habían recibido ninguna noticia sobre el paradero de los navegantes.
En ese momento llegó “El Inge” con su hermano Antonio para ver cómo podían ayudar, y a la mañana siguiente, Becky recuerda cómo escuchó la voz alegre y reconfortante de su tío en la radiofrecuencia, avisándoles que ya los habían localizado y que todos estaban bien. ¿Pero cómo fue que los encontró tan rápido “El Inge”?
“Pilotando su avioneta, otra de sus aficiones, apenas había salido el Sol”, contesta Becky. “Sobrevoló la costa hasta encontrarlos”.
La segunda anécdota que comparte Becky es de 2006, cuando su padre se puso grave. Sus tíos Juan José y Maty llegaron al hospital a las pocas horas, ofreciendo lo que fuera para ayudarlos a atender a Rodolfo.
“Ese era mi tío Juan”, dice Becky. “Inolvidable… No se extingue. Algo de él queda en cada una de las vidas que tocó. Espiritualmente está presente”.

Con Becky Jarero y Rafael Arámbula / Foto de Cortesía

Testimonios

"El Inge" (q.e.p.d.) / Foto de Archivo

Mensaje de parte de sus hijos

“Recibir tantas muestras de cariño reconfortan el alma. Tuvimos la fortuna y la gran bendición de tener como padre a un gran hombre. Fue generoso, justo, sencillo, alegre, un amigo incondicional, un amante fiel de su familia, un defensor de la idea de Dios Nuestro Señor y su Santísima Madre, un guerrero que dio su vida por sus ideales, y que en premio a su lucha por ser un buen hijo de Dios, a pesar de sus defectos y sus caídas, Nuestro Señor le concedió la bendición de una santa muerte rodeado de toda su familia, y con los auxilios espirituales que le ayudarán a llegar al cielo. Pedimos sus oraciones para que de la mano de la Santísima Virgen, su Madre, llegue pronto a gozar de la gloria eterna. Un abrazo cariñoso y nuestro agradecimiento por sus muestras de cariño. Q.E.P.D.”.

De pie: Juan José Leaño Espinosa, Luis Rodríguez, Eduardo Leaño, Lourdes Alonso, Andrés Escobar, Martha Leaño, Arturo Navarro, Adriana Leaño, Ernesto Rubio, Paul Muller, Pablo Aldrete, Axel Palme y Álvaro Leaño. Sentados: María Ligia Padilla, Alejandra Leaño, Claudia Leaño, Gabriela Leaño, Juan José Leaño Álvarez del Castillo, Martha Espinosa Gutiérrez, Marcela Leaño, Sofía Leaño y Maricarmen González / Foto de Cortesía

Alejandro J. Orvañanos Alatorre, amigo

“El ingeniero Leaño fue un hombre que transmitía una paz interna que solo se obtiene cuando el hombre es leal consigo mismo. Para mí, el ingeniero Leaño fue un amigo al cual admiré por su congruencia, buena educación, y una serie más de valores intrínsecos. El ingeniero Leaño vive en mi compromiso de intentar comportarme a la altura de su ejemplo todos los días. Por ello, más que recordarlo como una querida persona, que sí que lo fue, le tengo presente en mis actividades cotidianas como un gran ejemplo de vida a seguir. Sé que su alma ha trascendido a la vida eterna al lado de Dios Nuestro Señor, y tal mérito me alegra”.

Con Alejandro J. Orvañanos Alatorre y Edgardo Codesal / Foto de Cortesía

José Salvador Necochea Sagui, amigo

“Lo voy a recordar como un gran señor y un ejemplo a seguir. El señor Leaño fue todo un personaje, y lo voy a recordar como una persona sumamente completa. Fue un gran empresario, un gran padre de familia, un gran amigo, y todo lo que hacía, lo hacía muy bien. Se nos fue un gran hombre, pero dejó una muy buena familia en sus hijos y sus hijas. Voy a extrañar demasiado nuestras comidas cada vez que yo iba a Guadalajara, cada tres meses. Recuerdo que nunca se me va a olvidar una vez que en una de esas comidas estábamos en Andares, y saliendo nos invitó a mí y a Dionisio Fernández a ir a ver el inicio de las obras cuando estaba la excavación de lo que hoy es todo el estacionamiento de ese centro comercial. Nos mostró con un gran orgullo y una gran ilusión el proyecto que estaban emprendiendo sus hijos. Y también, gracias a él se fundó el Club Santos Laguna de Primera División acá en Torreón, Coahuila, pues él fue el único socio que encontré con ganas de invertir”.

Con José Salvador Necochea Sagui / Foto de Cortesía

Víctor Manuel Vucetich, colega

“Fue una persona muy importante en mi vida, en mis comienzos dentro de lo que es el futbol profesional. Era una muy buena imagen por lo que representaba él, y por el apoyo que me dio en esos dos años (1993-1994) que me tocó estar participando con él. Hay una anécdota, precisamente después del campeonato de la Primera División de México (Liga MX), una que todo mundo conoce, en la que me hace mención que me van a firmar a mí por 20 años (con el Tecos Futbol Club) con el gusto por haber ganado. Estoy agradecido con él, y con toda la familia Leaño. Los dos representantes de la institución, Antonio Leaño y “El Inge”, y bueno, creo que lo que se vivió ahí fue un momento especial, porque un equipo como los Tecos, que nunca habían pasado siquiera a la primera ronda, después de haber calificado, después de como 20 años, es campeón, es algo muy gratificante. Es un recuerdo imborrable”.

Foto tomada cuando los Tecos fueron campeones. / Foto de Cortesía

Ing. Carlos Fernández del Valle Faneuf, colega

“Lo conocí por el año de 1971, cuando llegué a trabajar a la UAG y él era mi jefe. Durante 14 años trabajé a su lado, y fue un excelente jefe, y un ejemplo a seguir. A pesar de que yo era 20 años menor que él, con el paso del tiempo llegamos a convivir en algunas actividades fuera del trabajo, como la cacería, a donde solíamos llevar a nuestros hijos, conviviendo en los campamentos… Fueron paseos inolvidables, y puedo decir que además de ser mi jefe, llegamos a tener una muy buena amistad. El ingeniero fue muy respetado y querido por todos sus subordinados, y aquellos con los que he hablado lo recuerdan con mucho cariño, ya que siempre era amable, y con buen humor, y fue un excelente padre de familia. Por todo eso, su fallecimiento es una gran pérdida para quienes tuvimos el gusto de conocerlo. Lo vamos a extrañar”.

Juan José también fue piloto aviador / Foto de Cortesía
Lazos duraderos: De pie: Ana Leaño Álvarez del Castillo, José de la Torre, Martha Espinosa Gutiérrez, Juan José Leaño Álvarez del Castillo y Paz Reyes de Leaño. Sentados: Antonio, Aurora y Margarita Leaño Álvarez del Castillo / Foto de Cortesía
Una tarjeta estudiantil de Juan José / Foto de Cortesía
Con su hermano Antonio en el rancho Valle Nuevo / Foto de Cortesía

Información: Carolina Herrera. Fotos: Cortesía y Archivo.