Los últimos dos meses no han sido sencillos para Fátima. Tras perder a su esposo a causa del Covid-19 el pasado 18 de julio ha tenido que sacar adelante a sus tres hijos de 13, 7 y 5 años.

“Nuestras vidas han cambiado completamente”, relata la docente, quien solicita usar otro nombre para proteger su identidad.

“He intentado encarrilar nuestras rutinas, volver a lo que estábamos acostumbrados, que los niños convivan con sus primos, que tengan sus cuartos. Yo como la mamá, o sea el padre que les queda, siento que tengo que dejar de lado mi dolor para enfocarme en ellos que están aquí, que están vivos”.

El chico de 13 años supo de la muerte de su papá la misma madrugada en la que llamaron a Fátima para darle la noticia. Los más pequeños se enteraron poco después.

“En las noches nos juntamos a rezar y le hablamos a papá. Es una manera de mantenerlo unido a nosotros. Le pedimos que nos ayude, que nos cuide desde el cielo.

“Me duele en el alma de madre el ver a mis hijos sufrir, pero este duelo es algo que no podemos evitar, es una realidad que nos tocó vivir y ahora hay que aprender algo de todo esto”.

El caso de Fátima no es aislado. De acuerdo con el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) más de 118 mil niñas, niños y adolescentes en México habrían quedado huérfanos a causa de la pandemia. Unos 86 mil 188 habrían perdido a su padre, 32 mil 050 a su madre, y 124 a ambos.

Hoy especialistas en psiquiatría, psicoterapia y psicopedagogía llaman a apoyar a las y los pequeños para que atraviesen de manera óptima su duelo, que es diferente al vivido por los adultos.

ENTENDER LA MUERTE

¿Entienden los niños el concepto de muerte? La respuesta depende de la edad, apunta Mario Alberto Hernández Jr., psiquiatra y psicoterapeuta.

“La literatura nos dice, por ejemplo, que los niños de hasta 2 años no saben lo que es la muerte, pero notan los cambios en el entorno y sienten la ausencia”, expresa.

“Viven (el fallecimiento de mamá o papá) como una situación de abandono y empezamos a ver rabietas, inquietud. No comen ni duermen igual y tienen conductas regresivas: si ya hablaban o caminaban, por ejemplo, dejan de hacerlo”.

Alrededor de los 6 años, continúa el especialista, los menores conocen el concepto de muerte, pero aún no entienden que es irreversible, por lo que ocasionalmente buscarán o preguntarán por el ser querido que ya no está.

Es hasta después de esta edad, apunta, que la idea del fallecimiento queda asentada: niños más grandes o pre adolescentes saben que el ser querido no volverá.

¿QUÉ MÁS HACER?

Durante el duelo infantil es primordial la buena comunicación, señala la psicopedagoga Medina.

El adulto puede dar al chico el espacio para que procese la información, pero también debe reservar momentos para la escucha activa, donde el niño sienta que hay tiempos para preguntar dudas y manifestar su sentir.

Tampoco hay que esperar un llanto desbordado o una evidente tristeza, como es común ver en los mayores. Es probable que el menor no reaccione en el momento o hasta vaya a jugar.

La clave, indica la experta, es estar cerca física y emocionalmente para acompañarlo en el proceso y atender las inquietudes cuando las exprese. El mensaje a comunicar es: tienes alguien que te cuida y quiere.

“El adulto necesita funcionar como el molde emocional del niño”, añade el psiquiatra Hernández Jr. “Mucha gente piensa que se debe ser fuerte, que (el chico) no nos debe ver llorar, lo cual no está bien.

“El adulto tiene que permitirse expresar sus emociones para que el niño, al ser testigo de dichas emociones, entienda que está bien sentir lo que siente. En caso contrario, interpretará que existe una prohibición implícita hacia el acto de llorar”.

La muerte nunca debe ser un tema tabú, concluye. Lo mejor es tratarlo como cualquier otro tópico. Así el pequeño se sentirá seguro de hacer cuestionamientos e, incluso, de sacar a colación al ser querido que ya no está.

LA MALA NOTICIA

Por más difícil que sea, la noticia del fallecimiento de una persona cercana al niño debe ser dada lo antes posible y por alguien a quien el pequeño le tenga confianza, explica Priscila Medina, psicopedagoga y directora de Nipaf Psicología Infantil.

“Esto es importante para que (el chico) no lo escuche por accidente, por un tercero que habló de más. Debe decirse en un lugar tranquilo, donde no haya interrupciones de nadie”, explica la especialista.

La elección del lenguaje es vital. Es necesario pronunciar los términos “murió” o “falleció” en vez de solamente decir que mamá o papá “está en el cielo” o “es un angelito”.

“El niño, especialmente uno muy pequeño, no alcanza a comprender el lenguaje metafórico, entonces el usar expresiones así puede confundir. Y quiero ser muy clara: esto no significa que debamos dejar la religión de fuera. Solamente quiere decir que debemos acompañar los mensajes religiosos con una idea clara de la muerte.

“El mensaje general es éste: expliquemos que la muerte es un proceso natural, que todas las personas mueren y es lo que acaba de ocurrir: mamá o papá enfermó muchísimo de Covid-19. Su cuerpo no pudo más y por esto murió”.

Ya después, señala la experta, el adulto puede complementar hablando del cielo, diciendo que el familiar está ahí, desde donde cuida a todos, por ejemplo. Todo debe ser dicho en palabras apropiadas para la edad, es decir, que el menor entienda.

Un duelo mal llevado

Los especialistas Medina y Hernández Jr. enlistan las conductas de un duelo infantil mal llevado. Es importante que, ante estas señales, los pequeños reciban la ayuda de un especialista.

•Aislamiento: el niño se aparta de sus amigos

•Llanto constante

•Miedo de estar solo

•Problemas del sueño, como no dormir o dormir en exceso

•Cambios en la alimentación, como no comer o comer en exceso

•Caída progresiva del rendimiento académico

•Negación del fallecimiento de la persona

•Conductas regresivas persistentes

•Expresión del deseo de estar con el familiar que murió